Freud: narcisismo, Internet y engaño de la conciencia

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El ser humano se constituye como un ente biológico-psicológico-social y cultural. En este sentido, la visión freudiana que se toma como premisa para este texto implica pensar al ser humano como un sujeto social antes que individual; lo cual guarda estrecha relación con la perspectiva que plantea Carlos Marx referida a que la esencia del hombre[1] es el sistema de relaciones sociales.

La teoría del narcisismo de Sigmund Freud revierte la manera en la que se había venido pensando anterior a él, desvirtuándola del sentido de su auto-centrismo en el hombre y le brinda un nuevo significado acorde con las características inicialmente enunciadas. Dicha teoría reflexiona en contraposición a cualquier insinuación del hombre capaz de encontrar solo en sí mismo objetos ideales. Esta es la razón por la que es nombrada como teoría del Otro.

El narcisismo freudiano se desarrolla en dos etapas, narcisismo primario y narcisismo secundario. En sus inicios, el yo infantil se va a formara partir de un conjunto de deseos y sueños parentales, todos de carácter inconsciente, y adquiridos a través del contexto histórico-social en el que se desarrollan. Dicha influencia ejercida por los padres se encuentra condicionada y mediada por una serie de ideales transferidos de una generación a otra.

Mientras el infante transcurre por esta fase primaria su yo se va a ir constituyendo mediante mecanismos de identificación con objetos amados por el ello. La importancia de este proceso constitutivo está dada por la equivalencia que surge entre ello-padres. El ello infantil se convierte en un producto parental, es decir, los padres inciden en el infante para que este cumpla con sus expectativas y deseos frustrados. De esta forma es como el narcisismo primario se complementa con el secundario, convirtiéndose en un solo proceso.

Realizar un análisis por separado de narcisismo primario y secundario nos conduce a plantearnos el primero relacionado con el ideal del yo y el campo de deseabilidad. El mismo se desarrolla desde el interior de cada individuo brindándole la posibilidad de sentirse libre de amar u odiar distintos objetos y de ese modo tomar determinadas 

decisiones. Por tanto cuando se habla de ideal del yo hay que reconocer que un individuo tiene la posibilidad, en este caso, de seleccionar qué medio de comunicación preferir y cuál no. Por ejemplo: elegir entre mantenerse conectado a Internet, ver televisión o leer periódicos. Desde esta perspectiva el individuo se siente rodeado de posibilidades y libre para su elección. Lo que no sospecha este individuo es que su conciencia se encuentra engañada, enajenada y lo exteriorizará con actos inconscientes manifiestos a través del narcisismo secundario.

El yo ideal da cuenta de lo deseado y emerge del narcisismo secundario. Según Freud los objetos amados por el ello, con los cuales el yo se identifica, se convertirían en yo ideales. Es decir, si nos basamos en que el ello del infante se forma a través del ello parental, construido desde la representación de los padres, entonces los objetos amados o deseados por el ello del individuo serán los que los padres inculcaron en concordancia con el lugar que ocupan dentro del sistema de relaciones sociales que se encuentran inmersos.

Toda vez seleccionado el medio por el cual el individuo se apropiará de su realidad, el yo ideal se pondrá de manifiesto en el nivel de poder y dominación que dicho medio logre sobre el individuo. En la medida en que las personas se conviertan en una especie de esclavos de los medios, ya sea la prensa escrita, la televisión, la radio o Internet mismo, y materialicen la satisfacción de una parte de sus necesidades[2] a través de estos se abre un ciclo donde se sentirán más identificados, a la vez que necesitados, en una relación de subordinación con los mismos.

La reflexión sobre estos planteamientos motivan a establecer una relación entre la teoría narcisista de Freud con la influencia que ejercen aquellas instancias que Althusser denominó Aparatos Ideológicos del Estado específicamente se hará referencia dentro de los medios de comunicación al papel que juega Internet en la psiquis del individuo.

En la actualidad, Internet y el complejo mundo de la web 2.0 que lo remantiza, intervienen directamente en la conciencia de los individuos y dictan un esquema conductual a seguir, una nueva forma de relacionarnos y apropiarnos de la realidad. Día a día penetran con mayor sutileza en nuestras vidas, convirtiéndose en proveedores y

dueños de la realidad que nos rodea. Cada vez la tendencia es a permanecer más horas on line y conformarnos como más dependientes de la tecnología. Nuestra interacción social se ha vuelto menos física, en tanto más virtual.

Engaño de la conciencia, de la conciencia como engaño. Un nuevo problema ha surgido (Ricoeur 2003). Este es el modo en que Ricoeur nos alerta acerca del problema que en la actualidad padecemos. Reconoce a Freud junto a Marx y Nietzsche como desenmascaradores y maestros de la sospecha. Cada uno expresando desde su perspectiva la crisis de la filosofía de la modernidad y revelándola insuficiencia de la noción de sujeto.

 Marx desvela la ideología como falsa conciencia o conciencia invertida, Nietzsche desenmascara los falsos valores y Freud pone al descubierto los disfraces de las pulsiones inconscientes. Estos pensadores guardan en común, el haber expresado abiertamente, en algunos casos sin habérselo propuesto siquiera, la crítica a la formación económico-social-capitalista, como modo de producción enajenante.

La afirmación propuesta por Ricoeur provee el punto de partida para analizar la influencia de Internet en la conciencia de las personas en la actualidad. Una conciencia engañada, enferma, que se produce y se reproduce bajo estándares de enajenación y hegemonía.

De modo que, la sociedad moderna se basa en patrones narcisistas para establecer y reproducir el poder. El capitalismo genera la creación acrecentada de necesidades en los hombres, que solo pueden ser satisfechas a partir del consumo ampliado de mercancías. El logro para tales propósitos, entre otros mecanismos y herramientas, se basa en la fortaleza de los medios de comunicación.

La enajenación se erige en nuestros días como uno de los mayores engaños de la conciencia. Tanto el campo de deseabilidad como lo deseado, es decir, ideal del yo y yo ideal se ven fuertemente afectados por este problema. La enajenación, entendida como una forma de relación específica entre el Sujeto y el otro, en la cual los objetos producidos por el Sujeto se le hacen ajenos.

Este concepto refiere a la inversión, que desde la filosofía se plantea en términos de relación Sujeto-Objeto, donde los Objetos producidos por el Sujeto se le oponen como algo hostil y ajeno a ellos. El Sujeto no puede existir sin producir Objetos, es una necesidad pues solo de esta manera se auto-produce. Por tanto en el Objeto, el Sujeto se reconoce, ya que este es resultado y expresión de las características y subjetividad del Sujeto. Sin embargo, esto es solo un deber ser, en la realidad se constata que los Sujetos no se reconocen en sus producciones, ni necesariamente se identifican con los demás Sujetos. Los Objetos se han levantado ante los individuos en una relación de hostilidad con respecto a ellos y de esta forma el objetivo de realizarse como personas a través de estos ya no se cumple.

La enajenación se ha apropiado de la teoría narcisista, como un mecanismo más para dominar a los individuos. La creación de patrones narcisistas manifiestos a través deInternet le han hecho creer al individuo la idea de diversidad, libertad de expresión y de un reconocimiento en ella de sus características personales.

Sin embargo Internet actúa solapadamente, mostrando en cada caso lo que el individuo desea saber, espera escuchar, para de este modo incidir, mediante una relación contraria totalmente al individuo y encubierta por los velos de la enajenación. Como resultado de esta relación se aprecia, que es la propia Internet quien nos induce un tipo de comportamiento, un modo de vida que en la mayoría de los casos, no fue resultado de nuestra propia invención e iniciativa. Se levanta como un espacio importante, desde el cual se estimula constantemente a consumir mercancías, seguir patrones e imitar estereotipos.

 Mantenemos una dependencia de ella, al punto de que en la actualidad muchos intelectuales estén abogando por una necesaria y urgente desconexión (off line).Internet está condicionando y modulando un tipo de sujeto enajenado, lo cual se traduce a su vez en un tipo de sujeto y ciudadano pasivo, en los cuales no solo la conciencia ha sido dañada, sino también el inconsciente.

Es imposible no concebir la interacción directa o indirecta de los individuos con los medios, ya sea la televisión, la radio, la prensa o Internet. Constantemente se recibe un cúmulo de información subliminal (o no) que incide directamente a nivel consciente. Los medios nos transforman en individuos insatisfechos, inconformes, consumistas; con grandes posibilidades de afectar la esfera de nuestro bienestar emocional y calidad de vida.

Esto se observa asertivamente en Frei Betto cuando expresó, en un juego de palabras con el famoso cogito ergo sum cartesiano: Consumo, luego existo. Está llamando la atención, que vivimos en un mundo globo-colonizado donde más que ciudadanos se necesitan consumidores. No es interés de los medios, el que las personas tengan valores, sino que hagan consumo. Estas reflexiones, permitieron a Frei Betto, concluir en un pensamiento simple y como tal de gran importancia para nuestros tiempos, a saber: que no tenemos ya paradigmas como en algún momento lo fueron Gramsci, Luther King, etc. Este espacio ha sido sustituido por figuras y personajes que Hollywood ha creado[3].

Tanto Internet como cualquier otro medio de comunicación se encuentran al servicio del sistema de relaciones sociales imperante y resulta casi imposible divorciarlos, puesto que de esta unión se gesta el control hegemónico de una clase sobre otras dentro de la sociedad. Como expresó Gramsci, el ejercicio normal de la hegemonía se caracteriza por una combinación de fuerza y consenso, que se equilibran de diferentes maneras, sin que la fuerza predomine demasiado sobre el consenso, y tratando de que esta parezca apoyada en la aprobación de la mayoría, expresada mediante los llamados órganos de opinión pública (Acanda 2002).

Internet se ha signado como una de las estructuras que mayor control hegemónico posee sobre la conciencia de los individuos. El consenso que ha logrado llevar a cabo sobre la mayoría de la sociedad ha sido alcanzado sin la utilización de la fuerza o la coacción. En un inicio nuestros padres se convirtieron en los proveedores de sueños e ideales a alcanzar, posteriormente continuamos desarrollándonos bajo esos mismos supuestos adquiridos en la infancia, para en un futuro retornar al punto de inicio pero en esta oportunidad en la función de padres.

Es necesario tener presente que nuestros padres han vivido bajo condiciones de enajenación y por tanto nos enseñaron a apreciar y producir objetos de una realidad enferma. Es decir, la conciencia de nuestros padres se encontraba engañada y desde esta perspectiva reprodujeron en sus hijos este mismo tipo de conciencia. La maquinaria capitalista de mecanismos enajenantes y Aparatos Ideológicos del Estado (como es el caso de Internet)ha sido determinante en esta producción de conciencias engañadas.

Mediante la utilización de patrones narcisistas como el empleo de personajes famosos o investigadores de determinadas ramas del saber, Internet y los medios de comunicación en general influyen en la conciencia de los individuos legitimando la información que desean llegue a la mayoría. La hegemonía sobre el público consumidor ha llevado a los medios a percatarse de la elevada estima que se posee en las celebridades y el modo en que esta estima se esparce a través de varios contextos. Por ejemplo, si un atleta o una estrella del pop anuncian algún producto alimenticio, en nuestro afán narcisista de seguirlos o desear ser como ellos, entendemos que este debe ser bueno y saludable, simplemente porque esa persona lo anuncia. Esta es una autoridad que no se cuestiona, funciona como modelo o paradigma a imitar, anulando cualquier posibilidad de análisis sobre si la figura en cuestión utilizada para la promoción de cualquier mercancía, es en sí misma alguien entendido o experto en el ámbito del conocimiento que promocionan.

Internet a la vez de proporcionar un espacio aparentemente infinito de información y conocimientos, nos estimula constantemente a seguir estilos de vida, maneras de vestirnos, comportarnos; un modo particular y dirigido de vernos a nosotros mismos y de relacionarnos con los demás. Generalmente estos estilos de vida, coinciden con un tipo de personalidad previamente construida para el individuo, asociada al predominio de patrones narcisistas.

 La psiquis y el inconsciente de la sociedad como resultado de todo lo anterior, deviene también colonizados y doblegados a un tipo de poder y por tanto a un proceder que está siendo modulado, entre otros actores, por los medios de comunicación e Internet fundamentalmente. De este modo, los medios de comunicación actúan limitando al individuo a pensar por sí mismo, por lo que trabajan para restringir el conocimiento, erosionar el instinto e intuición y decidir con lo que se deberían conformar las personas en términos de vivir la vida.

 

Referencias bibliográficas

1-    Ricoeur, P. (1969) El conflicto de las interpretaciones ensayos de hermenéutica. Segunda parte: Hermenéutica y psicoanálisis. España, S.L. Fondo de Cultura Económica de España, 2003.

2-    Acanda, JL.(2002) Sociedad civil y hegemonía. La Habana, Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana, 2002.


[1]Frei Betto en entrevista para el programa Dossier de la cadena Telesur, el 30 de enero de 2013.

[2]Paradójicamente, llegados a este punto del desarrollo del sistema de producción capitalista, los medios de comunicación han devenido sujetos de la realidad, al punto de que constantemente limitan y pautan las conductas y comportamientos a seguir por los individuos. En este sentido constituyen un eslabón fundamental en la creación de necesidades ampliadas de consumir mercancías en el ser humano.

[3]Se refiere a hombre no en el sentido genérico del término, sino para englobar la raza humana.

 


Yanquiel BarriosLicenciado en Psicología por la Universidad de La Habana. Psicólogo Clínico en Hospital Psiquiátrico de La Habana. Investigador en Centro para el Desarrollo Académico sobre Drogodependencias (CEDRO) Universidad de Ciencias Médicas de La Habana.


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