
La validación es un componente central de la Terapia Dialectico Conductual (o DBT, por sus siglas en inglés), desarrollada por la Dra. Marsha Linehan (Linehan, 1993). Validar es comunicar a otra persona que sus sentimientos, pensamientos y acciones tienen sentido y son comprensibles dentro de su contexto o situación actual. Pero ¿qué beneficios puede tener en la terapia y en nuestras interacciones cotidianas?
La terapia dialéctica conductual y el rol de la validación
La Terapia Dialéctica Conductual (DBT) fue desarrollada por la Dra. Marsha Linehan (Linehan, 1993) para abordar los desafíos que enfrentan las personas con desregulación emocional. Aunque inicialmente se enfocó en pacientes con trastorno límite de la personalidad, su efectividad llevó a que sea aplicada en otras problemáticas, como la depresión, el abuso de sustancias (Linehan et al., 1999) y los desórdenes alimentarios (Safer, Telch y Agras, 2001).
El término "dialéctica" alude a la reconciliación de opuestos. Este enfoque combina estrategias de aceptación y cambio para mejorar la calidad de vida. La aceptación implica validar las emociones y experiencias del paciente, ayudándolo a comprenderlas sin juicio, mientras que el cambio se centra en desarrollar habilidades que permitan afrontar las dificultades de manera más efectiva (Rizvi, Steffel y Carson-Wong, 2013).
Las habilidades que enseña DBT están organizadas en cuatro áreas (Chapman y Gratz, 2007):
- Atención plena: Se enfoca en vivir el momento presente, observando los pensamientos y emociones sin juzgarlos.
- Tolerancia al malestar: Proporciona estrategias para sobrellevar situaciones difíciles sin recurrir a conductas que puedan empeorar la situación.
- Regulación emocional: Enseña a identificar y gestionar las emociones intensas, promoviendo respuestas más funcionales.
- Eficacia interpersonal: Se orienta a mejorar las relaciones, desarrollando habilidades de comunicación y manejo de conflictos.
Estas habilidades se trabajan en sesiones individuales y grupales. En las sesiones grupales, los pacientes las aprenden y practican, mientras que en las sesiones individuales, el terapeuta y el paciente las aplican de manera personalizada a problemas y situaciones específicas.
La validación es un pilar clave de este enfoque. Al validar, el terapeuta crea un entorno seguro que permite al paciente conectar con emociones complejas sin sentirse juzgado, lo cual fortalece la relación terapéutica (Koerner, 2012). Es importante destacar que validar no significa estar de acuerdo con las percepciones de la otra persona o justificar sus acciones. Validar implica reconocer y aceptar las emociones como legítimas y comprensibles, al mismo tiempo que se orienta al paciente hacia el cambio. Por ejemplo, el terapeuta podría decir algo como:
"Entiendo que te sentiste desbordado por la situación y que, en ese momento, actuar de esa manera te pareció la única salida. Ahora, vamos a trabajar juntos para que puedas encontrar formas de manejar estas situaciones que se alineen más con tus objetivos y te hagan sentir bien con como manejaste la situación."
Con esta respuesta, el terapeuta valida el estado emocional del paciente y le comunica que sus reacciones tienen sentido en su contexto. Al mismo tiempo, introduce la posibilidad de un cambio constructivo, planteando que existen alternativas que pueden ayudar al paciente a enfrentar sus desafíos de manera más funcional.
Los niveles de validación según Linehan
La Dra. Marsha Linehan (1993) definió seis niveles de validación, cada uno con su propia profundidad. Estos niveles son pasos prácticos que pueden aplicarse tanto en terapia como en la vida cotidiana:
- Escuchar y observar: Prestar atención genuina, sin distracciones.
Por ejemplo: Escuchar al otro mirándolo, sin distracciones, como revisar los mensajes del celular.
- Reflejar con precisión: Comunicar de manera precisa lo dicho por el otro y pedir aclaraciones si es necesario. Es confirmar si entendimos correctamente lo que nos fue dicho. Es importante en este punto no realizar interpretaciones ni emitir juicios de valor.
Por ejemplo: “Dejáme ver si te entendí. Después de que él te dijo eso, vos te fuiste del lugar, ¿es así?".
- Leer lo no expresado: Es expresar lo que creemos que la otra persona puede estar experimentando. Es importante dejar en claro que es nuestra percepción.
Por ejemplo: “Tengo la sensación de que te quedaste angustiado después de que eso sucedió”
- Validar en términos de causas: Es reconocer cómo experiencias previas pueden explicar las reacciones actuales.
Por ejemplo: “Es entendible que estés preocupada dadas las situaciones que te sucedieron”
- Validar en términos del contexto presente: Reconocer que, dadas las circunstancias actuales, la reacción tiene sentido.
Por ejemplo: “Cualquiera en tu situación se sentiría igual”
- Radicalidad en la validación: Consiste en no tratar al otro como si fuera frágil o débil.
Por ejemplo: “Sé que la situación es difícil, pero tenés buenos recursos para afrontarla”
Beneficios de la validación dentro y fuera de la terapia
La validación promueve la aceptación de las experiencias internas, puede ser de gran ayuda para regular estados emocionales intensos, fortalecer las relaciones y fomentar la autovalidación.
- Fomenta la aceptación: Ayuda a las personas a aceptar lo que sienten y lo que está pasando en el momento, sin entrar en conflicto con ello (Linehan, 1993).
- Regula las emociones: Sentirse comprendido puede reducir la intensidad emocional y producir que la emoción sea menos abrumadora (Boggiano y Gagliesi, 2018).
- Fortalece relaciones: En cualquier tipo de vínculo, sea en terapia, un amigo o un familiar, la validación genera confianza y apertura emocional (Koerner, 2012).
- Promueve la autovalidación: Practicar la validación con otros fomenta el hábito de reconocer y aceptar nuestras propias emociones (O'Connell, 2018).
¿Tiene límites la validación?
Es importante señalar que validar no significa justificar conductas problemáticas. Por ejemplo: Si luego de una ruptura amorosa, alguien comienza a consumir una cantidad de alcohol que puede serle perjudicial puedo validar las emociones que lo llevan a consumir, como puede ser la tristeza, pero no su conducta.
Además, no se supone que debamos validar todo. En algunos casos, puede ser necesario invalidar de manera constructiva, lo que significa señalar ideas o planes que no sean funcionales (Boggiano y Gagliesi, 2018), mientras se validan las emociones subyacentes. Por ejemplo: "Entiendo que te sientas frustrado porque crees que nada está funcionando para sentirte mejor y considerás que renunciar a tu trabajo es la única opción para conseguirlo. Pero quizás deberíamos considerar todas las implicancias de esa decisión y analizar otras soluciones antes de tomar una decisión tan definitiva”.
La validación en nuestra vida diaria
Nuestra cultura no siempre fomenta la validación. Es bastante común escuchar frases como “no estés triste”, “no es para tanto”, “estás exagerando” que, aunque puedan parecer inocentes, o incluso sean bien intencionadas, envían el mensaje de que expresar emociones como la tristeza, el miedo o la frustración está mal. Este tipo de respuestas no solo minimizan las emociones, sino que también enseñan, de manera implícita, que sentir o expresar ciertas emociones es algo que debe evitarse.
Además, la presión cultural por mantener una actitud "positiva" en todo momento refuerza esta dinámica (Hayes, Strosahl y Wilson, 1999). Frases como: “Si podés soñarlo, podés lograrlo”, entre otras que suelen circular, pueden parecer motivadoras, pero muchas veces invalidan el dolor o las dificultades que alguien está enfrentando. Este tipo de mensajes niegan la experiencia emocional del otro, lo que puede generar culpa o frustración.
También es común que nuestra cultura valore más las soluciones rápidas o los consejos prácticos que el simple acto de escuchar y acompañar. Muchas veces, cuando alguien expresa una emoción difícil, la respuesta inmediata es intentar arreglar el problema en lugar de validar la emoción. Por ejemplo, si alguien dice: “Me siento colapsado con mis actividades”, la respuesta podría ser: “¿Por qué no te organizás mejor?”. Aunque esta respuesta intenta ser útil, ignora si la otra persona solo quería ser escuchada o precisaba soluciones.
Validar implica reconocer las emociones como legítimas y comprensibles, incluso cuando no las compartimos o entendemos del todo. No se trata de resolver de inmediato lo que la otra persona está sintiendo, sino de acompañarla y transmitirle que lo que siente tiene sentido. Esto es crucial porque, como se señaló anteriormente, la validación crea un espacio de confianza, reduce tensiones emocionales y fortalece las relaciones.
En un mundo donde la invalidación es tan común y las emociones a menudo se ven como algo que debe reprimirse o "arreglarse", aprender a validar puede marcar una gran diferencia. Validar no significa que estemos de acuerdo con todo lo que la otra persona dice o siente, pero sí implica reconocer su experiencia.
Reflexiones finales
En una cultura que muchas veces tiende a ignorar o minimizar las emociones, la validación se convierte en algo casi revolucionario. No es solo una herramienta terapéutica; es una forma de conectar, de reconocer la experiencia del otro y, en última instancia, de promover relaciones más saludables y auténticas. Practicar la validación, ya sea en terapia o en la vida diaria, no solo fortalece los vínculos, sino que también fomenta el bienestar emocional.
Referencias
Libros:
- BOGGIANO, J. P. y GAGLIESI, P. (2018) Terapia Dialéctica Conductual. Introducción al Tratamiento de Consultantes con Desregulación Emocional, Buenos Aires, Tres Olas Ediciones.
- CHAPMAN, A. L. y GRATZ, K. L. (2007) The Borderline Personality Disorder Survival Guide: Everything You Need to Know About Living with BPD, Oakland, CA, New Harbinger Publications, 2007.
- GAGLIESI, P. (2020) Manual de entrenamiento en habilidades DBT, Buenos Aires, Tres Olas Ediciones.
- HAYES, S. C., STROSAHL, K. y WILSON, K. G. (1999) Acceptance and Commitment Therapy: An experiential approach to behavior change, Nueva York, Guilford Press, 1999.
- KOERNER, K. (2012) Doing Dialectical Behavior Therapy: A Practical Guide, Nueva York, The Guilford Press, 2012.
- LINEHAN, M. M. (1993) Cognitive-Behavioral Treatment of Borderline Personality Disorder, Nueva York, Guilford Press, 1993.
- O'CONNELL, M. (2018) Una vida valiosa. Los procesos de la terapia de aceptación y compromiso, Buenos Aires, Ediciones B.
Artículo publicado en una revista:
- LINEHAN MM, SCHMIDT H, 3RD, DIMEFF LA, CRAFT JC, KANTER J, COMTOIS KA. (1999) “Dialectical behavior therapy for patients with borderline personality disorder and drug-dependence”. En American Journal on Addictions, 1999, 8(4):279-92.
- RIZVI, S. L., STEFFEL, L. M. y CARSON-WONG, A. (2013) "An Overview of Dialectical Behavior Therapy for Professional Psychologists". En Professional Psychology: Research and Practice, 2013, 44(2), 73-80.
- SAFER DL, TELCH CF, AGRAS WS. (2001) “Dialectical behavior therapy for bulimia nervosa”. En American Journal of Psychiatry, 2001, 158(4):632- 4.




