
¿Cómo hacer para enseñar lo que no se enseña? Se preguntaba Lacan en 1978. La clave está en la posición no-todo saber, desde donde tanto el psicoanalista como el educador, operan. Hoy la institución educativa está conmovida por una demanda de aggiornamento respecto a las formas de transmisión y de construcción del conocimiento, ante el gran reto que presentan las nuevas didácticas transmedia, los contenidos y los soportes digitales. El analista y el docente que no quedan obnubilados por la pasión de la ignorancia que nombra Lacan, desde la posición de quien ostenta un todo saber, estarán en posición de propiciar la metáfora del amor al saber, la emergencia del deseo de cada sujeto hacia la búsqueda de un saber inédito, de la subjetivación del saber.
Jacques Lacan, en su texto “Lacan por Vincennes”, retoma la histórica antipatía entre los discursos analíticos y universitarios, haciendo rodar una pregunta que aún hoy sigue en el debate “¿Como hacer para enseñar lo que no se enseña? He ahí aquello en lo cual Freud se abrió camino”[1]. Recorreremos aquí un tramo de ese camino que, por supuesto, seguirá abierto.
Hoy la institución educativa en todos sus niveles está conmovida por una demanda de aggiornamento respecto de las formas de transmisión y de construcción del conocimiento, ante el gran reto que presentan las nuevas didácticas transmedia, los contenidos y los soportes digitales, que desafían los modos clásicos de enseñanza. Así mismo, la concepción de la espacialidad áulica entre paredes y la diagramación del tiempo de estudio y descanso, como también los métodos de evaluación y los criterios para pensar la educación inclusiva, son tópicos que se encuentran abiertos.
Esta realidad educativa, desajustada respecto a los nuevos modos de aprender de las nuevas generaciones, crea una tensión y diversas paradojas entre la educación tradicional y las propuestas vanguardistas que pugnan por recrear escenarios más atractivos, a la altura de la metamorfosis de la subjetividad en la era digital.
Para los docentes representa un verdadero cambio incorporar la inteligencia artificial y las didácticas transmedia en sus planificaciones, porque los confronta al agujero en el saber, los lleva a prepararse frente a un mundo y a un lenguaje al que llegan más tarde que sus propios alumnos, lo que provoca incomodidades, dado que altera en alguna medida la relación de poder y de autoridad respecto al lugar donde queda ubicado el saber.
El psicoanálisis define esta época como la del Otro que no existe, la declinación del orden simbólico que trae aparejado la caída de los referentes de identificación y de anclaje del saber encarnado en distintas figuras, hoy está trasladado a Google y a la IA.
Según el psicoanalista J.-A. Miller, estamos sumergidos en el discurso hipermoderno, que ha puesto en el cenit social al objeto a, objeto plus de gozar, y allí van a parar todos los objetos de consumo que el pretendido progreso tecnocientífico ofrece como espejismos para alcanzar la felicidad.
Una de esas paradojas actuales la experimentamos respecto al empuje hacia la hiperconectividad y a la búsqueda constante de “lo nuevo”, “lo último”, que no deja de mostrarnos la pasión por la ignorancia del ser hablante, de la que habla Lacan en el Seminario 17[2], como una de las pasiones del discurso del amo, a la que tiene que estar atento el psicoanalista para no quedar allí atrapado.
Lacan refiere: “Conocemos el inconsciente desde siempre. Pero en el psicoanálisis se trata de un inconsciente que piensa tenazmente. Entonces, ¡atención, un minuto!” … Eso es justamente el inconsciente. Es un hecho, un hecho nuevo”[3].
Nos preguntamos si este hecho nuevo que es la democratización de la IAG nos permitiría hablar de un nuevo inconsciente, de una nueva subjetividad de la era digital… ¿Cuáles serían las mutaciones subjetivas, efecto de la digitalización del mundo? Es una interrogación que nos atraviesa a quienes trabajamos con niños en el ámbito de la salud mental y la educación. Lo que sí constatamos son los síntomas: aburrimiento, apatía sexual en los jóvenes, desinterés por estudiar. Así como compulsiones en el uso de los dispositivos: apuestas online, pornografía, Cyberbullying, desatención, hiperactividad, hábitos de sueño y de alimentación desregulados, suicidios adolescentes, violencia, efectos de los rasgos epocales como la increencia en el amor y la devaluación de la palabra. Esta deflación del Otro simbólico afecta también la capacidad de argumentación, de pensamiento crítico, de toma de decisiones autónomas, ¿hasta dónde dejamos que los algoritmos piensen por nosotros?
El filósofo en medios digitales y docente Alejandro Piscitelli, tiene una interesante lectura crítica en la que plantea que se trata de un problema de polialfabetización sobre la combinación de los lenguajes analógico y digital, que debería estar dada en las escuelas. Describe a la IA como máquina narrativa, donde advierte que la humanidad no se puede reducir al temor de qué les queda a los seres humanos con el avance de la IA. “Los seres humanos somos lenguaje, somos narrativa y somos más que eso, hacemos, construimos, transformamos la materia, nos enlodados en la materia, somos mucho más interesantes que eso, los robots no suplantan a los humanos”[4].
Cómo lee el psicoanálisis los síntomas actuales en educación
El impacto de la digitalización sobre los cuerpos, la subjetividad, los modos de hacer lazo y el acceso al saber, es un hecho ineludible que viene trazando una nueva cartografía sociocultural, y nos confronta como psicoanalistas a saber leer los nuevos síntomas e impasses, para pesquisar qué goce muerden para cada sujeto. No hay respuestas universales sobre el “penar de más”[5], aunque podamos hacer al mismo tiempo una lectura del tratamiento del goce que ofrece la época.
En muchas ocasiones frente a estos síntomas, los analistas somos convocados por las escuelas a ocupar el lugar de saber absoluto, como el experto, el que trae las últimas soluciones sobre tal o cual síndrome, el que sabe lo que hay que hacer. Pero, el discurso psicoanalítico, en tanto reverso del discurso del amo, se ubica en una zona más incómoda, sutil, de no-todo saber, abriendo preguntas más que dando respuestas listas para usar que obturan el horror al saber inconsciente.
Lacan señala que no se trata tampoco de que el analista ignore lo que sabe, sino que, ubicado como semblante de objeto a, ponga a funcionar el deseo de saber inconsciente, desde el cual opera el deseo del analista.
La intervención analítica sobre los síntomas escolares también se posiciona del lado del agujero en el saber, aun si es llamado a intervenir en instituciones educativas, apunta a descompletar el supuesto saber absoluto, conmover las nominaciones segregativas que algunos alumnos pueden acarrear, cuestionar los ideales aplastantes y los significantes amo, con los que el sujeto se ha identificado de modo mortífero, a los que están aferrados sus síntomas. Los síntomas son satisfacciones sustitutivas que alojan un núcleo de goce, del que los sujetos no se sueltan con facilidad, ya lo advertía Freud. Llegar a horadar ese goce en exceso, que habita en el síntoma, le permitirá al sujeto dilucidar su propia relación con el saber inconsciente que está anudado a un goce singular.
Es decir, el practicante que no queda obnubilado por aquella pasión de la ignorancia que nombraba Lacan, desde la posición de quien ostenta un todo saber, se orientará por lo real pulsional como imposible y estará en posición de propiciar la emergencia del deseo de saber inédito en cada uno.
Quienes trabajamos en el ámbito educativo, debemos cuidarnos de no quedar exigidos por la demanda de respuestas inmediatas y estandarizadas, por la urgencia de aplacar a los niños inquietos o dispersos, para que cumplan con sus tareas en tiempo y forma todos por igual, sin considerar lo que obtura el deseo de saber o lo que embrolla el cuerpo en cada caso. Ubicarnos en el discurso de la estandarización sería quedar en el lugar del “amo ciego”, como lo llama Miller, "que le corresponde al analista habitado por la pasión de la ignorancia"[6], en tanto cierra con un saber absoluto la pregunta por el síntoma, la cual devuelve la dignidad de ser considerado un sujeto del inconsciente a cada niño y cada joven.
Nos encontramos hoy atravesando un momento de cambio de paradigma socio cultural hacia la digitalización del mundo, cuyas consecuencias respecto a estos nuevos modos de goce han empezado a llegar a la consulta.
En lo que atañe al uso de los dispositivos digitales, en las escuelas se han expandido los acosos por las redes y los juegos de apuestas online, que discurrían en el ámbito escolar sin conocimiento de los adultos, y han llegado a tener graves consecuencias emocionales, de rendimiento escolar y económicas. ¿Cómo incidir en ese goce que muerde el cuerpo cuando está enraizado en los dispositivos digitales, a partir de la palabra que enigmatice ese hacer enceguecido?
Entendemos que este goce compulsivo con el objeto tech, se ha visto exacerbado luego de la coyuntura de la pandemia de COVID-19, a causa del encierro, el aislamiento, los temores a perderlo todo, a la muerte, la desconfianza en el otro. El analista maniobra para que el sujeto se ponga a hablar sobre eso indecible que lo atrapa, historizarlo, para conseguir que pase al campo del Otro esa satisfacción enjaulada y muda, y apuntar a un nuevo modo de arreglárselas con eso, más aligerado del padecimiento.
Los variados usos que puede tener el uso de la tecnología nos enseñan cómo el goce irreductible se vale de esta lengua digital, permitiendo a los sujetos armarse un cuerpo, hacer lazo o inventarse un semblante, en un terreno siempre movedizo y cambiante, plagado de incertidumbres e identificaciones fluctuantes a las que amarrarse, donde “la imagen reina”[7].
Es una responsabilidad ética que atañe tanto a los educadores como a los psicoanalistas, estar advertidos de las paradojas del discurso de la ciencia y el mercado para preservar una lectura crítica, sin ser ingenuos, nostálgicos ni pesimistas.
J.A. Miller distingue el Lugar Alfa[8] de respuesta que puede sostener un analista en las instituciones, en tanto el psicoanálisis opera “como una instalación móvil, susceptible de desplazarse a nuevos contextos”. El analista encarna el inconsciente en las instituciones educativas, en la perspectiva de orientar hacia la invención con lo que hay, abriendo interrogantes que permitan a cada actor confrontarse con su propio horror al saber inconsciente.
Por su lado, el educador, también se ve confrontado al imposible estructural, en tanto no todo es educable en el niño o en el joven. Lacan señalaba, irónicamente, que “se aprende a leer, alfabestializándose”4, poniendo el acento en cierta violencia simbólica, por la cual se encauza a los niños para regular las exigencias pulsionales, en beneficio del lazo social y de la culturalización.
Volviendo a la pregunta planteada por Lacan allá por 1978, entiendo que para abordar alguna respuesta posible a cómo enseñar lo que no se enseña, la clave está en la posición no-todo saber desde donde operan tanto el psicoanalista como el educador. En el acto educativo cobra un lugar central el deseo del educador, quien no debe abdicar en su función de despertar el deseo de saber, dando lugar al vacío de saber. Desde allí es posible sacudir la modorra del alumno hacia la construcción de una nueva relación de amor al saber, para hacer de su “hora de clase, una erótica de la enseñanza”[9], donde pueda prenderse un chispazo deseante.
Así como el analista de la orientación lacaniana pone el énfasis de la cura en un ‘arreglárselas mejor’ con lo real pulsional del cuerpo, lo que es posible para cada sujeto a partir de consentir al saber inconsciente, también el educador hace su apuesta educativa, ofreciendo el lugar y el lazo para dar lugar al despliegue de la transferencia educativa que permita la subjetivación de un saber inédito, entre lo contingente y lo necesario, tanto el acto analítico como el acto educativo vehiculizan la metáfora del amor al saber.
Referencias bibliográficas
Lacan, J., (1978) “Lacan por Vincennes”, Revista Lacaniana N°11, Buenos Aires, Grama, 2011
Lacan, J., (1969-70) El seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 144
Lacan, J., (1967) “Proposición del 9 de octubre 1967 para el psicoanalista de la Escuela”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012
Lacan, J., El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós, 1993.
Miller, J.-A., El banquete de los analistas, Paidós, Buenos Aires, 2000, p. 9
Miller, J.-A., “La imagen reina”, en Elucidación de Lacan. Charlas brasileñas, 1998 (inédito)
Miller, J.-A., “Hacia PIPOL 4”. <http://ampblog2006.blogspot.com/2007/12/vers-pipol-4-par-jacques- alain-miller.html
Piscitelli, A., Nativos digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de la participación, Buenos Aires, Santillana, 2009.
Recalcati, M., La hora de clase, Buenos Aires, Anagrama, 2019
[1] Lacan, J., (1978) “Lacan por Vincennes”, Revista Lacaniana N°11, Buenos Aires, Grama, 2011
[2] Lacan, J., (1969-70) El seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 144
[3] Lacan, J., (1967) “Proposición del 9 de octubre 1967 para el psicoanalista de la Escuela”, Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012
[4] Piscitelli, A., Nativos digitales. Dieta cognitiva, inteligencia colectiva y arquitecturas de la participación, Buenos Aires, Santillana, 2009.
[5] Lacan, J., El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del Psicoanálisis, Buenos Aires, Paidós,
[6] Miller, J.-A., El banquete de los analistas, Paidós, Buenos Aires, 2000, p. 9
[7] Miller, J.-A., “La imagen reina”, en Elucidación de Lacan. Charlas brasileñas, 1998 (inédito)
[8] Miller, J.-A., “Hacia PIPOL 4”. <http://ampblog2006.blogspot.com/2007/12/vers-pipol-4-par-jacques- alain-miller.html
[9] Recalcati, M., La hora de clase, Buenos Aires, Anagrama, 2019




