
El pensamiento de la complejidad propone pensar que los elementos que integran el universo conforman un entramado de relaciones imposibles de disociar. Lo que requiere para su estudio de una mirada integral. Con el objeto de difundir los principios de la epistemología de la complejidad, se usó el mito de Prometeo en las obras de Hesíodo y Esquilo como ejemplo y antecedentes. Articulando algunos principios de la complejidad: la percepción (recorte de la realidad), la razón (diálogo abierto) y el cosmos (mirada global). Formados culturalmente desde el reduccionismo del pensamiento científico, resulta un desafío introducirnos en la complejidad para tener una mirada integral del espacio y el tiempo que habitamos.
Algunos principios del pensamiento de la complejidad
El pensamiento complejo (Morin, 1995), propone que los elementos del universo se encuentran intrincados en un entramado de relaciones complejas y que estas deben ser analizadas de forma integral o sistémica para obtener un conocimiento mayor (aunque no absoluto). El pensamiento científico tiende a simplificar y reducir. Analizar las partes por separado, hace perder de vista el contexto que hace funcionar a los elementos como un todo.
También, el pensamiento de la complejidad entiende que el mundo se organiza desintegrándose, según el principio de orden-desorden-organización, lo que puede sonar contradictorio. Aunque de eso se trata esta teoría, que el desorden (motor de incertidumbre) y las contradicciones lógicas (capa profunda de la realidad) no son un error o solo un estorbo, sino que forman parte de la realidad misma. No se trata de eliminar las contradicciones, sino de ponerlas a dialogar con las certezas que tenemos, con el fin de enriquecer el saber (Morin, 1995).
La percepción un recorte de la realidad
Merleau-Ponty (1945) propone pensar que todo cuanto sabemos del mundo los seres humanos, lo sabemos a partir de una visión entre otras o de una experiencia del mundo. La percepción, no es una ciencia del mundo, un acto o una toma de posición deliberada, sino que es el trasfondo sobre el que se destacan todos los actos, por lo cual todos los actos presuponen. Así el campo perceptivo está lleno de reflejos, fisuras, imprecisiones fugaces que escapan a nuestra capacidad de vincularlos con el contexto que estamos percibiendo.
La percepción no es un proceso mecánico-instrumental (pasivo) que nos permite acceder a lo que está pasando en el mundo, sino que se trata de una actividad: formativa, productiva y creativa (Najmanovich, 2005). Es decir, que el espacio cognitivo se va co-configurando mientras lo vamos conociendo. El espacio relacional es dinámico, tanto sujeto como objeto se transforman en su devenir. La percepción no es lineal, observo-conozco, sino que es autorreferente (lo observo desde mi yo y su bagaje) y también es creativa, ya que el sujeto va co-construyendo el objeto mientras lo observa (Arias y Peralta, 2011).
La razón un diálogo abierto
Los seres humanos, contamos con la razón como instrumento que nos permite conocer el mundo que habitamos y así construir una visión lógica y coherente de los fenómenos, de las cosas y del universo. Sin embargo, es importante la distinción entre la racionalización, como un intento que pretende encerrar la realidad dentro de un sistema coherente, excluyendo o desvalorizando todo aquello que resulte contradictorio a esa lógica (idealización, reificación y fundamentalismo). Y, por otro lado, la racionalidad, que es el juego constante entre nuestras ideas y el mundo real, un diálogo siempre abierto, que se reestructura con cada nueva intervención. Toda totalidad es una no verdad. Si bien la razón es el único instrumento confiable de conocimiento, sólo lo será a condición de ser crítico y autocrítico (Morin,1995).
El cosmos como visión integral
Aquí nos referiremos al cosmos, como un conjunto de elementos que interactúan en el tiempo y el espacio, por tanto, complejos y enmarañados en acciones, interacciones y retroacciones (Morin, 2019). Desde esta visión globalizante, ningún elemento está aislado, sino que está en constante interacción, mientras forma parte de un sistema mayor que lo contiene. La ausencia de una visión global implica una pérdida de conciencia de la condición humana como habitante de un mundo afectivo, trascendental, intelectual, social, económico, etc. (Pereira Chaves, 2010).
El pensamiento humano es disyuntivo, reductor y simplificador, pretendemos entender el todo a través de la constitución de las partes. Si bien conocer las partes es necesario, estas en sí, no explican el funcionamiento del todo. Es necesario reintegrar ese conocimiento disgregado (específico, especializado, descontextualizado, etc.), con el fin de tener una perspectiva más lograda de los fenómenos (Morin, 2019).
Los mitos como expresión universal
Lévi-Strauss (1987) analiza la estructura de los mitos y propone hablar de pueblos ágrafos, donde predomina un pensamiento desinteresado: Atado a la idea de que, si no se comprende todo, no se puede explicar nada. Esto intenta proporcionar a los humanos un mayor poder material sobre el medio. Si bien brinda una ilusión o creencia de que puede entender el universo, esto es de suma importancia para la construcción de su propia identidad. Con respecto al pensamiento intelectual, los pueblos ágrafos tenían un conocimiento extremadamente exacto de su medio y sabían muy bien cómo explotar los recursos de acuerdo a las necesidades que se le imponían.
El mito de Prometeo en Hesíodo y Esquilo
En Teogonía, Hesíodo (siglo VII/VIII a. c.) narra el origen de los dioses y la creación del mundo. Este relato se ubica en un tiempo idílico, cuando los hombres vivían en buenaventura, acompañados por los dioses y donde habrían llegado a un acuerdo con relación a la distribución de los derechos entre ambos. En este contexto, Prometeo tenía por encargo asar y repartir un buey en dos mitades para los dioses y los mortales. Aunque pensando en engañar a Zeus colocó la carne y las vísceras de un lado y del otro colocó los huesos y la grasa de forma que no se advirtiera la diferencia entre las partes. Luego instó a Zeus a elegir la mitad de acuerdo con el deseo de su corazón, quien advirtió este el fraude y se prestó al juego. Mientras proyectaba desgracias para la humanidad.
A raíz de esta negativa Prometeo volvió a desafiar al Cronida, robando una porción del fuego inextinguible del Olimpo en una caña hueca y entregándolo a los mortales. Este nuevo ardid despertó en Zeus una profunda cólera hacia al titán y hacia a la humanidad por disponer del uso del fuego. Irritado, el dios, respondió enviando a la tierra grandes calamidades.
En Prometeo Encadenado de Esquilo (525 a. c. - 456 a. c.), el mito toma la forma de una tragedia griega. En esta historia, Prometeo es llevado hasta unas montañas donde es encadenado como castigo por robar el fuego inextinguible. Iniciada la disputa entre los titanes y los dioses, él quiso intervenir dando buenos consejos, pero no fue escuchado. Antes Prometeo había recibido por palabra de su madre Temis una profecía que afirmaba “que no por la fuerza ni por la violencia, sino con engaño debía vencer a los poderosos” (Esquilo, Siglo IV a. c., p 8).
Por otra parte, cuando Zeus toma el poder, distribuye los privilegios entre los dioses y organiza su imperio excluyendo a los mortales de todo beneficio. Prometeo, movido por la piedad, decide realizar el acto de hurtar el fuego celeste del Olimpo para darles una oportunidad a los humanos de ahuyentar a la muerte. Dice: “albergué en ellos esperanzas ciegas” (Esquilo, Siglo IV a. c., p 9) y espera, en virtud del fuego otorgado, que aprendan muchas artes. Luego afirma haber aliviado los males de los humanos que al principio “miraban sin ver y escuchaban sin oír” (Esquilo, Siglo IV a. c., p 15), haciéndolos seres inteligentes, dotados de razón. Les enseñó a construir casas de ladrillos, a trabajar la madera, el movimiento de los astros, las estaciones del año y sus usos. Así como la ciencia de los medicamentos, las artes adivinatorias, el culto a los dioses y el dominio del fuego.
El mito y el pensamiento de la complejidad
En virtud de los dones dados por Prometeo, los mortales han dejado atrás el tiempo en que “miraban sin ver y escuchaban sin oír” (Esquilo, Siglo IV a.c., p 15), haciéndose seres inteligentes, dotados de razón. Esta figura de la obra remite a un tema central en la teoría de la complejidad: la percepción y el conocimiento. Indica un tiempo anterior donde la mirada y la escucha eran limitadas. Lo que podemos entender como unos sentidos aún en desarrollo y un conocimiento incipiente sobre el medio. Por otro lado, esta transformación de los sentidos alude a la percepción como actividad donde operan la función formativa, productiva y creativa (Najmanovich, 2005). No hay una realidad per se, el espacio cognitivo se va co-construyendo en la interacción con el medio.
Otro punto destacable en la obra es cuando Prometeo menciona la profecía que su madre le transmite y que dice: “que no por la fuerza ni por la violencia, sino con engaño debía vencer a los poderosos” (Esquilo, Siglo IV a. c., p 8). Esta frase explicaría la conducta de Prometeo, que sabiéndose menos fuerte utiliza el engaño para lograr una ventaja sobre Zeus. Es decir, que sienta la idea de la inteligencia (capacidad de engaño) como herramienta que permitiría intervenir en las luchas entre facciones, donde a veces se ejercía la fuerza como única herramienta. También puede leerse la contradicción como capa profunda de la realidad (Morin, 1995).
Por un lado, tenemos un contexto ambivalente (hostil y proveedor) y por otro, la falta de sentido de la existencia. Esta dialógica que subyace en el mito, revela la compleja e intrincada experiencia humana. Las fuerzas en tensión nunca se terminan de sintetizar, sino que mantienen un diálogo abierto y continuo, diálogo que a veces se produce con violencia y a veces se produce con inteligencia (engaño).
Siguiendo estas tensiones que aparecen en el análisis del mito: hostil-proveedor, estar-no estar (no saber para qué), existencia-decadencia, etc., parecen todas ellas abrevar en la afirmación de Morin (1996) de que el ser humano es enteramente biológico y enteramente cultural. Este origen combinado, inextricable, constituye un modo particular de habitar el mundo, que suma a la dimensión corporal, la dimensión simbólica de la posibilidad.
Una promesa creativa de trascendencia se encuentra en la expresión de Prometeo que afirma: “albergué en los mortales esperanzas ciegas” (Esquilo, Siglo IV a. c., p 9) y que en virtud del fuego aprenderán muchas artes. La entrada en lo simbólico representa una oportunidad para la vida de la especie, al alcanzar la razón. Aunque el relato advierte que este recurso no debe ser usado con arrogancia.
En el mito, si bien hay una oportunidad para la vida, esta está determinada por la miseria y las calamidades (Hesíodo), lo que simboliza la irremediable vulnerabilidad y decadencia de los mortales. Aquí se puede entender al tiempo para la vida como un proceso, donde aparecen unidos la repetición, el progreso y la degradación (Morin, 2004). La vida y la creación están seguidas de la degradación y de la muerte. Brindando una nueva oportunidad de orden-desorden, condición para la futura organización (Morin, 2019).
Conclusiones
El mito de Prometeo trata un tema etiológico complejo donde fluctúan las tensiones entre nuestra incapacidad de capturar la totalidad de la experiencia y la ambivalencia del medio. Las variables que atraviesan nuestras vivencias en el mundo son numerosas, están entrecruzadas y son indivisibles. Toda esta complejidad es expresada en el mito de Prometeo: donde aparecen las transformaciones de la percepción como actividad, el engaño (la inteligencia) por sobre la violencia o el yugo del poder. Una dialógica de elementos o eventos en tensión que condicionan el modo de habitar el mundo y que constituyen un trasfondo de repetición, progreso y degradación.
El conocimiento como instrumento, resulta insuficiente para abarcar la totalidad de las vivencias humanas. Por ello el psiquismo o mente en su desarrollo intenta encubrir o desplazar las inconsistencias, las fugas de sentido, lo ininteligible, lo traumático, lo disruptivo, lo contradictorio, lo desconocido, lo ilógico, lo absurdo, lo incoherente, etc.
Por último, podemos concluir que el mito, como expresión universal, no es el producto de un pensamiento primitivo o mágico. Sino que viene a ocupar el lugar de todo aquello que nuestro sistema lógico, racional, no alcanza a aprehender. Por tanto, no se trata de excluir al mito de nuestra realidad pretenciosamente objetiva y cientificista, sino que se trata de ponerlo a dialogar con nuestras ideas para enriquecer los saberes y mejorar la comprensión de la existencia humana.
Referencia Bibliográficas
- Arias, R. y Peralta, H. (2011). “La enseñanza, una puerta para la complejidad y la crítica”. En Estudios Pedagógicos. 2011, n°1, 293-302.
- Esquilo (525 a.c - 456 a.c.). Prometeo encadenado. Biblioteca Digital.
- Hesíodo (siglo VII/VIII a.c.). Los trabajos y los días. Libro I.
- Hesíodo (siglo VII/VIII a.c.). Teogonía. La de literatura.
- Lévi-Strauss, C. (1987). Mito y significado. Chicago, Antropología Alianza Editorial, 1997.
- Merleau-Ponty, M. (1945) Fenomenología de la Percepción. España, Península, 1945.
- Morin, E. (2019). “Epistemología de la complejidad”. Ficha de cátedra. Facultad de Psicología, UBA.
- Morin, E. (1995). “Introducción al Pensamiento Complejo”. En De Culture, signes, critiques. 1988, n°16, 65-87.
- Morin, E. (2004). “La epistemología de la complejidad”. En Gazeta de Antropología. 2004 (2), n°20, 43-77.
- Najmanovich, D. (2005). “Estética del pensamiento complejo”. En Andamios. 2005 (1), n° 2, 19-42.
- Pereira Chaves, J. (2010). “Consideraciones básicas del pensamiento complejo de Edgar Morin, en la educación”. En Revista Electrónic@Educare. 2010 (14), n°1, 67-75.




