Ejercicio físico y METs: evaluá tu práctica hoy para ganar salud mañana

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En el área de la Psicología del Ejercicio Físico son ampliamente utilizados los cuestionarios. Estos no solo se aplican para medir diferentes variables psicológicas, sino también para evaluar el ejercicio físico. Es indispensable que los profesionales de la salud puedan conocer las herramientas para valorar el ejercicio con el objetivo de recomendar y brindar seguimiento a las actividades. Pero ¿cómo podemos utilizar estos cuestionarios para cuantificar montos de ejercicio? Se presenta una unidad de gasto energético, su vinculación con el Compendio de la Actividad Física y su aplicación en cuestionarios por autoinforme. 

 

Introducción

Uno de los propósitos del psicólogo aplicado al ejercicio físico es promover la adherencia y mantenimiento a diferentes actividades que involucren el movimiento humano. Estas actividades pueden distinguirse entre la actividad física y el ejercicio físico. El primero es básicamente cualquier tipo de actividad que implique movimiento y, por lo tanto, un gasto energético, como, por ejemplo, lavar los platos, pasear al perro o realizar actividades de jardinería.

Pero cuando hablamos del ejercicio físico se comprende como un subtipo de la actividad física que está orientado a mejorar un componente de la condición física. Este tipo de actividad es regular, está planificada, forma parte de una rutina y presenta una estructura en su ejecución (Caspersen et al., 1985). Su característica principal es representar un tipo de actividad física que se mantiene en el tiempo y, por lo tanto, está definida por su práctica regular. Esta distinción es relevante ya que, si las personas logran mantener la práctica de ejercicio físico durante el tiempo, probablemente obtengan beneficios para la salud (Chen & Sun, 2024).

Existe consenso en los montos mínimos de ejercicio físico que los adultos deberían realizar en un periodo de una semana. Estos montos se delimitan en un mínimo de 150 minutos de ejercicio moderado o un mínimo de 75 minutos de ejercicio intenso. En complemento, si es posible, la persona podría incluir dos días de musculación y disminuir conductas sedentarias para mejorar aún más su salud (Bull et al., 2020; Piercy et al., 2018).  Basado en estos consensos, una pregunta central es, ¿cómo sabemos cuándo un ejercicio físico es necesariamente moderado o intenso?, ¿cómo podemos seleccionar y recomendar estos tipos de ejercicios beneficiosos para la salud?, y finalmente, ¿con qué herramientas, fundamentados en el autoinforme, podemos evaluarlo? En última instancia el interés radica en cuantificar el gasto energético que define la intensidad de un ejercicio.

Desarrollo

Para dar respuestas a estas preguntas es necesario comprender la unidad de medida MET y cómo esta es utilizada para describir y categorizar la intensidad de las actividades. Estas unidades son ampliamente utilizadas en las ciencias del ejercicio físico, así como por los nutricionistas y entrenadores. A pesar de ello, muchos profesionales del área de la psicología desconocen sus alcances e implicaciones. El MET es una unidad de equivalencia metabólica que representa el gasto energético involucrado en una actividad. Su fundamento subyace en el consumo de oxígeno que una persona requiere para realizar un determinado tipo de actividad. La unidad de 1.0 MET es estándar, convencional y uniforme equivalente a 3.5 mililitros de consumo de oxígeno por kilogramo de peso corporal cuando una persona está en reposo durante un minuto. Estas actividades pueden incluir estar sentado leyendo un libro o mirando la televisión, pero en la medida en que nos involucramos en otros tipos de actividades, el consumo energético y por lo tanto el consumo de oxígeno, irá aumentando. Si por convención una unidad de MET es el consumo energético en reposo, cuando una persona realiza una actividad con un valor MET de 4.0, la interpretación es que esta persona está consumiendo cuatro veces más de oxígeno en comparación a su estado en reposo. La relevancia de esta unidad de medida radica en que podemos caracterizar el ejercicio en términos de su intensidad y en función de ello distinguirlo en categorías (Ainsworth et al., 2024).

El Compendio de Actividades Físicas con su reciente actualización (Herrmann et al., 2024) presenta un listado de actividades físicas organizadas en 22 categorías. Para cada actividad se determinó un valor MET que representa el gasto energético requerido para realizar ese tipo de actividad. Pero además en función de estos valores se pueden categorizar la actividad en niveles de intensidad. Esto es relevante para responder a la pregunta de ¿cómo sabemos cuándo una actividad es moderada o intensa?, siendo estos los niveles de intensidad con efectos beneficiosos en la salud. Los niveles de intensidad se definen en comportamientos sedentarios de entre 1 a 1.5 MET, actividades leves de entre 1.6 a 2.9 MET, actividades moderadas con MET mayores o iguales a 3.0 hasta 5.9 y actividades fuertes con MET mayores o iguales a 6.0. Con estos fundamentos podemos seleccionar actividades mayores a 3.0 MET para representar ejercicios con una intensidad como mínimo moderada. Conociendo estas nociones, nos podemos preguntar ¿cuántos METs cuesta realizar una actividad?, es decir, qué cantidad de energía se gastaría para realizar una actividad (Laurora, 2013).

Entonces, ¿cómo hacemos para evaluar el ejercicio físico con cuestionarios que incorporen el MET como unidad de medida? Para este fin contamos con instrumentos de medidas objetivas y subjetivas. En las medidas objetivas se encuentran los dispositivos electrónicos que te brindan información como la cantidad de pasos, distancias recorridas, entre otras fuentes de información más sofisticadas. Lamentablemente, no siempre contamos con los recursos o la predisposición para que una persona use este tipo de dispositivos y, por lo tanto, implementamos medidas subjetivas basadas en cuestionarios por autoinforme. Igualmente, los psicólogos se pueden sentir bastante cómodos utilizando estos recursos ya que son convenientes para integrar en las baterías psicológicas, permiten obtener información rápidamente, se pueden administrar en grupo y son de bajo costo.

A partir de estos cuestionarios de autoinforme podemos establecer el monto de ejercicio físico definido en METs-semanales. Pero, para ello necesitamos conocer otras características del ejercicio: el tiempo y la frecuencia. Concretamente, cuánto tiempo aproximado una persona realiza el ejercicio en una sesión y cuántas veces lo repite durante un período de tiempo (generalmente una semana). Por ejemplo, la actividad de jugar al fútbol recreativo involucra 7 METs, lo que significa que por cada minuto esta persona estaría gastando aproximadamente siete unidades MET. Imagínense que esta persona lo hace durante una hora a la semana por lo que se convierten en 420 METs (60 min × 7 MET). Además, esta persona leyó que es importante hacer dos veces de musculación por semana para mejorar su salud, así que decide ir al gimnasio. La actividad de musculación involucra 5 MET y si lo realiza durante 50 minutos consume 250 METs (50 min × 5 MET). Sumado a ello, si esta actividad la realiza dos veces a la semana obtiene 500 METs en un período de siete días. Al sumar las actividades de fútbol y la musculación, esta persona obtuvo 920 METs en un período de una semana. Se resaltan estas actividades ya que son prácticas comunes, presentan regularidad, pueden ser planificadas y sostenidas en el tiempo, es decir, se caracterizan como ejercicio físico.

Otra herramienta de evaluación en la cual se utilizan las medidas MET es el Cuestionario de Ejercicio Físico en el Tiempo Libre (Godin, 2011). En su estructura se presentan tres ítems indicativos de los tipos de intensidad de ejercicio leve, moderado y fuerte ejemplificados en un conjunto de actividades. Los mismos indagan cuántos días la persona realizó estos tipos de actividades en un período de una semana. Para obtener un puntaje este cuestionario presenta unidades MET arbitrarias y con valores constantes para cada tipo de intensidad que se ponderan por la frecuencia de días reportados en cada categoría. De tal modo, se asigna un valor de 9 para fuerte, 5 para moderado y 3 para leve. Imaginemos que una persona indicó realizar un día de actividad fuerte, dos días de actividad moderada y cero días de ejercicio leve. Con esta información recolectada se calcula una puntuación de METs semanal a partir de la suma ponderada de la cantidad de días en función de su valor MET definidos para cada categoría de intensidad [(1 × 9) + (2 × 5) + (3 × 0)], en tal caso se presentará una puntuación total de 29.

Conclusiones

Como se ha podido observar, son variadas las herramientas de medición que nos permiten observar la práctica del ejercicio físico por autoinforme fundamentado en el gasto energético involucrado durante la actividad. Si tomamos como referencia los valores mínimos de MET para clasificar una actividad según su intensidad, lo que equivale a 3 MET para actividad moderada y 6 MET para actividad fuerte, y los multiplicamos por los minutos semanales recomendados (150 y 75, respectivamente), obtenemos un total de 450 MET semanales en ambos casos. Estas serían los montos de METs que, como mínimo, un adulto debería acumular al finalizar la semana. Estas medidas pueden asociarse con distintos indicadores de salud, incluyendo variables psicológicas vinculadas al bienestar y la salud mental (Ekelund et al., 2019; Fresno-Alba et al., 2023; Smith & Merwin, 2021).

Asimismo, estas medidas ofrecen criterios útiles para seleccionar actividades en función de su intensidad y permiten prescribir ejercicio físico de forma individualizada, en el marco de una práctica interdisciplinaria junto a otros profesionales del ámbito del ejercicio físico. En este trabajo conjunto, el psicólogo contribuye con un marco conceptual sólido y con estrategias de intervención dirigidas a promover la adherencia y el mantenimiento del ejercicio físico, con el objetivo de favorecer beneficios sostenidos en la salud. En el ámbito de la investigación, el uso de medidas basadas en unidades MET también resulta ventajoso, ya que permite clasificar a los participantes como físicamente activos o inactivos, facilitando así la exploración de los efectos psicológicos asociados a estos grupos (Amireault et al., 2015).  En última instancia, lo fundamental es promover la práctica de ejercicio físico y asimilar sus beneficios tendientes a la salud. La pregunta para el lector es: ¿usted realiza ejercicio físico con regularidad? Si es así, ¿este ejercicio es de moderado a intenso?, y finalmente, en función de su frecuencia y tiempo de actividad, ¿está realizando actualmente los montos de ejercicio físico que a largo plazo le generará mayor salud física y mental? Muévase y disfrute de los beneficios que obtendrá.


Referencias

Ainsworth, B. E., Herrmann, S. D., Jacobs, D. R., Whitt-Glover, M. C., & Tudor-Locke, C. (2024). A brief history of the Compendium of Physical Activities. Journal of Sport and Health Science, 13(1), 3-5. https://doi.org/10.1016/j.jshs.2023.10.001

Amireault, S., Godin, G., Lacombe, J., & Sabiston, C. M. (2015). The use of the Godin-Shephard Leisure-Time Physical Activity Questionnaire in oncology research: A systematic review. BMC Medical Research Methodology, 15(1), 60. https://doi.org/10.1186/s12874-015-0045-7

Bull, F. C., Al-Ansari, S. S., Biddle, S., Borodulin, K., Buman, M. P., Cardon, G., Carty, C., Chaput, J.-P., Chastin, S., Chou, R., Dempsey, P. C., DiPietro, L., Ekelund, U., Firth, J., Friedenreich, C. M., Garcia, L., Gichu, M., Jago, R., Katzmarzyk, P. T., … Willumsen, J. F. (2020). World Health Organization 2020 guidelines on physical activity and sedentary behaviour. British Journal of Sports Medicine, 54(24), 1451-1462. https://doi.org/10.1136/bjsports-2020-102955

Caspersen, C. J., Powell, K. E., & Christenson, G. M. (1985). Physical Activity, Exercise, and Physical Fitness: Definitions and Distinctions for Health-Related Research. Public Health Reports (1974-), 100(2), 126-131.

Chen, J., & Sun, S. (2024). Unlocking the Power of Physical Activity in Inflammatory Bowel Disease: A Comprehensive Review. Gastroenterology Research and Practice, (1), 7138811. https://doi.org/10.1155/grp/7138811

Ekelund, U., Brown, W. J., Steene-Johannessen, J., Fagerland, M. W., Owen, N., Powell, K. E., Bauman, A. E., & Lee, I.-M. (2019). Do the associations of sedentary behaviour with cardiovascular disease mortality and cancer mortality differ by physical activity level? A systematic review and harmonised meta-analysis of data from 850 060 participants. British Journal of Sports Medicine, 53(14), 886-894. https://doi.org/10.1136/bjsports-2017-098963

Fresno-Alba, S., Leyton-Román, M., Mesquita da Silva, S., & Jiménez-Castuera, R. (2023). Predicting Quality of Life in Women with Breast Cancer Who Engage in Physical Exercise: The Role of Psychological Variables. Healthcare, 11(14), Article 14. https://doi.org/10.3390/healthcare11142088

Godin, G. (2011). The Godin-Shephard Leisure-Time Physical Activity Questionnaire. The Health & Fitness Journal of Canada, 4(1), Article 1. https://doi.org/10.14288/hfjc.v4i1.82

Herrmann, S. D., Willis, E. A., Ainsworth, B. E., Barreira, T. V., Hastert, M., Kracht, C. L., Schuna, J. M., Cai, Z., Quan, M., Tudor-Locke, C., Whitt-Glover, M. C., & Jacobs, D. R. (2024). 2024 Adult Compendium of Physical Activities: A third update of the energy costs of human activities. Journal of Sport and Health Science, 13(1), 6-12. https://doi.org/10.1016/j.jshs.2023.10.010

Laurora, G. (2013). El personal trainer científico. Veintiuno Editores.

Piercy, K. L., Troiano, R. P., Ballard, R. M., Carlson, S. A., Fulton, J. E., Galuska, D. A., George, S. M., & Olson, R. D. (2018). The Physical Activity Guidelines for Americans. JAMA, 320(19), 2020. https://doi.org/10.1001/jama.2018.14854

Smith, P. J., & Merwin, R. M. (2021). The Role of Exercise in Management of Mental Health Disorders: An Integrative Review. Annual Review of Medicine, 72(1), 45-62. https://doi.org/10.1146/annurev-med-060619-022943

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