Infancias y adolescencias conectadas: Reflexiones sobre Salud Mental y Bienestar Digital

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En los últimos años, a raíz de la pandemia y del acelerado avance tecnológico, la relación entre el uso de pantallas y la salud mental ha comenzado a ganar protagonismo en distintos ámbitos. La atención se centra, principalmente, en el tiempo que las personas pasan frente a ellas y en el impacto que generan redes sociales, videojuegos, sitios de apuestas y otras plataformas digitales, con especial foco en la infancia y la adolescencia.

Hay algunos factores como la estigmatización, la discriminación, la exclusión y la violencia en entornos digitales que aumentan el riesgo en la adolescencia de enfrentar situaciones que pueden afectar su salud mental. De acuerdo con una consulta de la plataforma U-Report de UNICEF, un 33% las y los jóvenes participantes señaló a la discriminación y el bullying como los principales factores que afectan su salud mental.

Al ser consultados sobre cuáles eran los sentimientos que asociaban a la salud mental, 6 de cada 10 adolescentes mencionaron la depresión y la ansiedad como los más recurrentes. Un 25% de los adolescentes que participó de la consulta afirmó que nunca se habla de salud mental en su hogar, mientras que cerca del 50% dijo acudir a amigos cuando se siente angustiado, y solo el 20% busca apoyo en su familia.

Cuando hablamos de salud mental ligada al uso de dispositivos y plataformas on line, aparece asociado el concepto de bienestar digital, muchas veces representando un ideal al que llegar.

  • El bienestar digitalconsiste en desarrollar y mantener una relación saludable con la tecnología.En la era en la que vivimos, mediada por las pantallas, tenemos cada vez más exposición a grandes volúmenes de datos, estímulos visuales, sonoros, contenidos diversos y variedad de herramientas y aplicaciones digitales. Esta “permanencia” en pantallas y esta conexión “continua” requieren de una gestión equilibrada y un manejo saludable (Educar, 2024).

Si bien se habla de multifactores para lograr ese equilibrio, muchas veces, se plantea como una responsabilidad individual, como algo que cada persona tiene que lograr por su cuenta. Sin embargo, alcanzar un bienestar digital y emocional, ligado a un uso saludable y equilibrado de las plataformas, es un dilema frente a desarrollos tecnológicos asociados con las neurociencias, que cada vez utilizan mecanismos más sofisticados para lograr mayor permanencia y consumo en las pantallas, y que afectan en gran medida a las infancias y adolescencias.

Este artículo busca ser una aproximación para pensar cómo está impactando en la vida de los niños, niñas y adolescentes el alto uso de las tecnologías, qué les pasa cuando se vinculan con otros a través de las redes, cuando consumen contenidos que los enfrentan a ideales de perfección en modos y estilos de vida, de cuerpos y caras, de logros inalcanzables para la realidad de la mayoría. Poner la lente en las plataformas y sus modelos de coerción, selladas por contenidos algorítmicos que una y otra vez les muestran mundos sesgados. 


A qué se enfrenta la adolescencia hoy

La adolescencia es una etapa de múltiples transformaciones a nivel físico, emocional y social. Durante este período, los y las adolescentes pueden mostrarse más sensibles, vulnerables e influenciables frente a las opiniones y comportamientos de sus pares. Es frecuente que busquen encajar en determinados grupos o seguir ciertas tendencias, incluso cuando estas no coinciden con sus valores personales. A su vez, suelen atravesar momentos de inseguridad respecto a su imagen corporal y autoestima, lo cual puede aumentar el riesgo de enfrentar dificultades en su salud mental. 

Según Silvina Ferreira Dos Santos, psicóloga y psicoanalista experta en nuevas tecnologías y construcción subjetiva, El entorno digital, cada vez, promueve condiciones que se contraponen con lo que sería un entorno adecuado para construir esa subjetividad. Los planes de negocios de las plataformas van en contra de los planes de crianza. Apuntan a un modelo acelerado que dificulta la formación de un pensamiento crítico y la posibilidad de conectar con las emociones y sentimientos. Hay una voracidad de las pantallas que atenta contra la construcción de algunos recursos, entre ellos la tolerancia a la espera y la posibilidad de interiorizar habilidades sociales como la empatía o la compasión, a partir del contacto humano”.

Ximena Diaz Alarcón, magíster en antropología social y política, refiere en una entrevista realizada por Chicos.net, que se ha popularizado el eslogan “fingir demencia”, lo que se traduce en no registrar miedos ni temores, y no hacerse cargo de situaciones que pueden tener una dificultad. 

Según el informe Kids Online de UNICEF (2025), el 46% de los niños, niñas y adolescentes percibe que tienealgún tipo de uso problemático relacionado con Internet, celulares y videojuegos. Los indicadores más frecuentes son: haber bajado el rendimiento escolar por estar mucho tiempo en Internet, usando el celular o jugando online; e intentar sin éxito pasar menos tiempo conectado o usando dispositivos digitales.

a. La autorregulación fallida.  Dificultad para la desconexión digital 

Adolescentes consultados en un focus group recientemente coincidieron en que les cuesta desconectarse de las pantallas y en que se ponen metas para bajar el uso del celular. 

Según Federico Pavlovsky, médico psiquiatra especializado en conductas adictivas, la autorregulación en los adolescentes falla: “Las plataformas que utilizamos producen productos perfectos, desarrollan una usabilidad que se optimiza con cada uso: mientras más se utiliza, más perfeccionan sus funciones”.

Esto de alguna manera se traduce en que hoy en día, a la mayoría de los chicos y chicasles cuesta reconocer o visualizar que las plataformas tienen una responsabilidad en su dificultad para desconectarse. Constantemente apuntan a su responsabilidad individual y a distintas estrategias para lograr la desconexión. Por ejemplo, utilizan los timers de las distintas plataformas, aunque saben que les resultan poco efectivos.

b. Las redes generan ansiedad 

Muchas investigaciones asocian síntomas de ansiedad con uso problemático de Internet, vinculado a comparaciones en redes sociales o al exceso de tiempo frente a pantallas (Veiga, Cascardo, Quantin, 2017). 

La psicoanalista Silvina Ferreira dos Santos asegura quelas redes generan ansiedad, ya que al estar en constante exposición a un entorno que funciona de manera acelerada y compulsiva, produce en el organismo un remanente excitatorio. “El consumo excesivo de plataformas implica una sobreestimulación interna, para la cual los chicos y chicas no disponen de todos los recursos para poder procesarlo. Esto puede desembocar en cuadros como hiperactividad o ansiedad en la infancia.” Ella propone que para atender el efecto de la sobreexcitación es fundamental contrarrestar la pasividad. Una manera posible es incentivar diversas formas de movimiento, “poner el cuerpo en acción” y colaborar en la construcción de la vía sublimatoria: “Que puedan desconectar y usar otras herramientas de procesamiento, otras actividades que favorezcan el encuentro con otros, el diálogo, lo creativo, el pensar”.

Los discursos que se derivan de la neurociencia han permeado la manera en que los adolescentes explican su comportamiento digital. Por ejemplo, es común escuchar expresiones como “soy adicto a la dopamina”, en referencia a cómo las hormonas influyen en su atención y emociones. Algunos términos utilizados son picos de glucosa, energía rápida, según Ximena Diaz Alarcón.  

c. FOMO o “miedo por quedarse afuera”

El término FOMO (Fear of Missing Out) se utiliza para describir la aprehensión que puede padecer una persona que siente que está perdiendo una determinada información, eventos o experiencias que podrían mejorar su vida. 

Según un estudio publicado en la revista Confluencia (2025), los adolescentes que consumen contenido en redes sociales pueden llegar a internalizar nuevas e implícitas normas de aceptación, belleza e incluso éxito, las cuales estarían reforzadas por likes y comentarios en publicaciones y/o historias. Estas situaciones pueden generar dependencia a la validación externa de los pares y una constante comparación social, lo cual puede generar sentimientos de ansiedad cuando éstos se sienten excluidos de estas experiencias sociales significativas a través de sus redes, lo cual se conocería como FOMO.

A esta ansiedad se suman vivencias negativas, por ejemplo vinculadas a episodios en que algún estudiante de la escuela los ofendió o trató de forma desagradable a través de Internet. El 21% respondió haberlo sentido y para un 6% (que representa algo más de 230.000 casos) se trata de situaciones que suelen repetirse. Las mujeres y adolescentes de 12 a 17 años son quienes más las reportan (Unicef, 2025)  

d. Scrolleo infinito, pasividad y falta de energía

En el uso actual de las redes sociales por parte de chicos y chicas predomina el scrolleo y el consumo de contenido sugerido por el algoritmo. Esta dinámica los vuelve pasivos y reduce su capacidad de explorar activamente sus propios intereses. El contenido aparece sin que lo busquen, de forma inmediata y a gran velocidad. 

Este consumo ininterrumpido genera una sensación de falta de energía y motivación. La frase “Todo me da paja” se ha vuelto una constante en las nuevas generaciones, reflejando apatía y desgano. Incluso tareas simples pueden percibirse como un esfuerzo innecesario. 

Para salir de estos comportamientos es clave fomentar la desconexión activa, convirtiéndola en una práctica consciente y habitual. La pausa da la posibilidad de que se construyan frenos, indispensables para no quedar atrapados en un consumo automático y sin sentido.

Una iniciativa educativa ha propuesto a niños y adolescentes el “Desafío de la desconexión por 24 hs”. De la misma participaron más de 3000 niños y adolescentes, y muchos de ellos expresaron la dificultad de poner una pausa en el uso de pantallas, y reconocieron como un valor salir a hacer deporte, a conectarse con la naturaleza, y a tener más tiempo para dialogar con amigos y con la familia, cuestiones que sienten restringidas en la vida cotidiana asociado al uso de dispositivos. 

e. Autoestima, comparación e imagen personal

En el estudio Kids Online de Argentina (UNICEF, 2025) aproximadamente dos tercios de los encuestados afirmó haber visto contenidos sobre diferentes "formas de adelgazar, perder peso, o ser más flaco/a" en páginas o publicaciones online (67%), así como también sobre "maneras de ganar dinero fácilmente en Internet" (64%).

El efecto de la comparación se ve amplificado en la era digital. Esto crea un entorno en el que la presión por cumplir con un estilo de vida que se acerca a la perfección (un tipo de cuerpo, de relación “amistades perfectas”, de capacidad de consumo) puede volverse abrumadora, sobre todo en la adolescencia.Los/as jóvenes se enfrentan a un constante bombardeo de lo que deberían tener y de cómo deberían verse/ser. Todo esto puede generar preocupación y angustia al no poder alcanzar las vidas que los influencers muestran en sus perfiles. 

A su vez, los sesgos y mandatos de género también se reproducen en el mundo virtual: mientras que para las mujeres la oferta en redes sociales suele estar más orientada a la moda, la belleza y la apariencia estética, los referentes masculinos apuntan a tener éxito y ganar mucho dinero. 

f. De pornografía no se habla

El acceso a pornografía en la infancia y adolescencia es alarmante. Es un problema que no distingue tanto entre géneros y que tiene un impacto fuerte en cómo se construyen los vínculos, el deseo y la autoimagen. “El tema del porno no está en la agenda, es un tema del que no se habla; pero todos los chicos miran.”, según Pavlovsky. 

Su consumo aumentó significativamente durante la pandemia. El informe “(Des)información sexual: pornografía y adolescencia” (2020), asegura que:

  • 7 de cada 10 adolescentes consume pornografía con frecuencia y el 94% lo hace desde su celular.

  • El 50% de los niños de entre 11 y 13 años dijo haber visto pornografía en Internet.

  • El 75% de las familias creen que sus hijos no han consumido pornografía nunca..

  • Más de la mitad de los chicos que ven pornografía se inspiran en estos contenidos para sus propias experiencias y el 30% considera que estos videos son su única fuente de información sobre sexualidad

La Educación Sexual Integral (ESI) en la escuela es clave para contrarrestar los mensajes de la industria pornográfica y promover valores en torno al cuidado del cuerpo propio y ajeno, el consentimiento, la responsabilidad afectiva, la prevención de violencias, el embarazo adolescente y las infecciones de transmisión sexual.


Para finalizar

El espacio digital está lleno de oportunidades, y es un derecho tanto tener acceso a Internet como a la formación que permita ejercer una ciudadanía digital plena, consciente y responsable. Especialmente durante la niñez y la adolescencia, es fundamental el acompañamiento para construir una mirada crítica sobre los consumos y la influencia de las redes en la autopercepción. Sin embargo, Internet no deja de ser un reflejo del mundo. Si la sociedad está marcada por la desigualdad de género, la violencia, la discriminación, la pérdida de ideales vinculados al bien común, en el mundo virtual también se reproducen e incluso se exacerban esos discursos que producen efectos a nivel emocional, psíquico y social de las personas. 


Proteger la salud mental se debe abordar desde una perspectiva colectiva, en contraposición a las tendencias individualistas que son ampliamente promovidas por las redes sociales y por los modelos de sociedad que imperan. En otras palabras, superar la angustia, la soledad y las crisis requiere construir vínculos de calidad con las demás personas, así como desarrollar una capacidad crítica frente a los contenidos, publicidad y lógica de funcionamiento de redes y plataformas. 


Bibliografía

  1. Adolescencia y bienestar digital: herramientas para los profesionales de la salud (SAP, 2024)

  2. Ansiedad, Comunicación y Uso Problemático de Internet (Lic. Cecilia Veiga Dr. Enzo Cascardo Dra. Carolina Quantin, 2017)

  3. Bienestar digital y adicción a Internet (Educ.ar

  4. Campaña “Típico de adultos” (Unicef, 2024) https://www.unicef.org/argentina/comunicados-prensa/tipico-de-adultos

  5. Chicos y pornografía. Una guía para saber qué hacer, cómo prevenir y dónde encontrar ayuda (La Nación, 2024)

  6. (Des)información sexual: pornografía y adolescencia (Save the Children, 2020)

  7. El Rol del pediatra en la prevención de comportamientos adictivos asociados a la tecnología” (SAP, 2024)

  8. Influencia de redes sociales en el desarrollo de ansiedad social de jóvenes (Florencia Fuentes Roquea, Amanda Silva Riffoa, Camila de Requesens Herra, publicado en revista Confluencia, 2025)

  9. Kids Online Argentina. Resultados principales (Unicef, 2025)

  10. Más allá del filtro: autoestima y redes sociales (Chicos.net, 2024) 

  11. Nota técnica Nº15. La vida de niñas, niños y adolescentes en los entornos digitales (Defensora de los derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, 2025)

  12. Recomendación N° 12. Protección de los derechos de niñas, niños y adolescentes en entornos digitales.  (Defensora de los derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, 2024)

  13. Salud Mental y Bienestar Digital. Aristas para pensar cómo impactan los entornos digitales en la salud mental de niños, niñas y adolescentes. (Chicos.net, 2025)

  14. Sé la mejor influencia. Guía para familias: Cómo acompañar a adolescentes en tiempos de filtros, likes y estándares imposibles. (Chicos.net, 2025)

  15. U-Report (Unicef), https://argentina.ureport.in/opinion/3877/

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