
La incidencia que le produjo a Lacan el haberse topado con la letra china resulta evidente en los efectos sobre algunos conceptos y estatutos en el trayecto de su enseñanza. De la mano de las referencias a Francois Cheng podemos ubicar la función del vacío como central para delinear el estatuto de la letra que marca un litoral entre el saber y el goce. A la vez, la conexión que establece Lacan entre la escritura poética china y el psicoanálisis hace entrar otra perspectiva de la interpretación analítica, en tanto resonancia que toca el cuerpo.
La letra en la civilización
En Lituratierra Lacan presenta el estatuto de la letra en la literatura para interrogar lo que enseña al psicoanálisis. Reflexiona sobre otro uso de la lengua en la civilización con la letra oriental y realiza una articulación acerca de la función de la escritura. Este texto parece una reescritura de: La Instancia de la letra en el inconsciente de los años cincuenta, donde ya se esbozaba una distinción entre el estatuto del significante y el de la letra, aunque sin tanta precisión y se refería a los dos modos de escritura, el griego y el chino[5].
Inicia Lituratierra con un comentario sobre: La carta robada[6] y se desarrolla hablando de un viaje a Japón y un vuelo sobre Siberia. Las dos maneras de abordar la escritura corresponden a las tradiciones occidental y oriental. A cada modo de escritura, el alfabético y el ideográfico, le corresponde un apólogo que designa un mensaje sobre la letra. Para el primero: La carta robada, para el segundo: Una historia de agua. Así, desde el avión, Lacan hace una lectura al ver las aguas y ríos que atraviesan el desierto de Siberia, y distingue dos aspectos de la función de la letra, uno en tanto que hace agujero y el otro como letra en tiempo que hace objeto a.
Primer apólogo: La carta robada
Aquí retoma el cuento de Poe para destacar dos puntos fundamentales: El primero, asegurando que la carta/letra siempre llega a destino aunque se sostenga sin recurso al contenido. Y el segundo será que la carta/letra tiene un efecto de feminización, producido por el giro de la carta que radica en que cada uno de los personajes que la tienen buscan activamente un fin pasivo. Agregando que también se evidencia en la agitación de los hombres del cuento una gran pregunta: ¿Cuál es la posición de la reina?, ¿Qué quiere la mujer?, que permite considerar que la feminización inducida por la letra, o el efecto de sentido del apólogo, no agota la pregunta respecto del goce, del enigma. Queda un lugar vacío, un agujero en el sentido. La letra señala ese lugar del goce.
Para leer la carta robada hay que “distinguir el lugar del objeto a de los efectos de significación introducidos por el recorrido del significante como tal”[7].
Segundo apólogo: Una historia de agua
Lacan regresa de un viaje que esperaba hacer a Japón y dice: “Solo la condición litoral es decisiva, y ella jugaba únicamente en el regreso por ser literalmente lo que Japón con su letra me había probablemente producido”[8]. El litoral que a la ida se presentaba como geografía, a la vuelta adviene otro estatuto, letra que recorta un borde. Regresa más bien de un viaje a otra relación con la escritura.
Lacan ve Siberia tras la incidencia de haber leído la traducción de Cheng sobre el pintor y calígrafo Shitao, con su teoría según la cual el calígrafo procede por el trazo de pincel unario. Concepción en la que no hay oposición entre el sujeto y el mundo, ya que el pintor chino continúa la creación. Así lee los trazos que operan en la planicie siberiana, vista desde la ventanilla del avión, como la caligrafía china. Lacan se refiere a un chorreado que aparece entre las nubes a partir del cual ve producirse un relieve en el desierto, un reflejo que empuja a la sombra lo que no resplandece, lo lee como la pura huella que opera sin indicar, trazo sin elementos imaginarios, sin significar lo que hay, a diferencia del estatuto de signo en griego, que justamente, indica.
Se produce una invitación a considerar la letra en la literatura más por el efecto que causa que por su significación.
Litoral
Lacan llama litoral al borde entre el saber y el goce. Aquello que del saber no puede recuperar del a. La dimensión de la escritura le permite ubicar lo que de la letra hace borde al saber. En Lituratierra Lacan se refiere al “vacío cavado por la escritura (…) pliegue siempre listo a acoger el goce o, al menos, a invocarlo con su artificio”[9].
Miller escribe el matema del litoral a partir de las operaciones de alienación y separación que Lacan desarrolla en el Seminario 11. La alienación es la operación constitutiva de la dialéctica del sujeto. Allí, en la intersección entre el sujeto ($) y el Otro (S2), el sujeto cae debajo del significante amo, significante de la identificación (S1).
La operación de separación se dirige a lo pulsional. El sujeto se separa del Otro (S2), queda la huella, la pérdida de la extracción de goce del cuerpo del Otro, se recupera la mortificación del sujeto por la huella del goce y del objeto pulsional (a).
El litoral presenta el borde que separa la letra (a), del saber (S2), tenemos dos cosas heterogéneas (S2 y a). El efecto de sentido (S2) y el lugar del goce (a) que viene a limitar, separación entre un interior y un exterior, distinta a la reciprocidad de la frontera que separa dominios similares pasibles de franqueamiento. La letra produce un pasaje del litoral a lo literal, inscribe una huella, cifra en el inconsciente, borde del agujero del saber. Cuando el sujeto ya no es representado por el Otro, donde se alienaba, se aferra a lo que resulta ser su punto de amarre: el objeto a, y la letra se vuelve litoral. “Entre centro y ausencia, entre saber y goce, hay litoral que solo vira a literal si pudiesen a ese viraje, considerarlo el mismo en cada instante”[10]. El litoral no implica reciprocidad, no hay intersección entre saber y goce, más bien hay una discontinuidad, una ruptura, cada uno está descentrado, bordeando el agujero respecto del otro, no se recubren.
La letra indica un borde, extraído el objeto a, solo queda ese borde que designa la impotencia del saber para cernir el a.
La dimensión de la escritura, como erosión del sentido le permite referirse a lo que de la letra hace borde al saber “(…) vacío delimitado por la escritura misma, por el litoral infranqueable entre la huella de la pérdida que viene a funcionar como marca de este goce y lo que se puede inscribir dentro de la lengua”[11]. Se trata de transformar la pérdida en la anulación de la significación, para inscribir el goce perdido y poder mantenerse en los momentos de ruptura como experiencia de separación entre el goce y el saber.
La escritura poética china y el vacío
En la clase del 19/4/1977 del Seminario 24, Lacan se detiene en el libro: La escritura poética china de Francois Cheng sobre la poesía china más clásica, del siglo 7 al 9, época de la Dinastía Tang, “la edad de oro de la poesía clásica china, es toda ella canto escrito a la vez que escritura cantada”[12].
En el arte chino mantienen relación la escritura con la caligrafía, la pintura, la poesía y la música. La caligrafía es una actividad artística, un arte mayor, un arte del trazo, exalta la belleza de los ideogramas. Según Francois Cheng los textos preferidos de los calígrafos son los textos poéticos. Así como en el arte pictórico, escriben con un solo trazo, la presión del pincel engrosa o afina la escritura. No se limitan a un mero acto de copia, resucitan el movimiento gestual y el poder imaginario de los signos. El ritmo de la pincelada sigue el movimiento inaugurado por el trazo inicial, con el mismo pincel la “pincelada única"[13] entraña las demás.
El chino es un idioma de tonos, importan las acentuaciones, se produce una musicalidad, la lengua hablada es cantante. Al perder la musicalidad es difícil de traducir. Los sonidos ejercen efecto, el sistema tonal aclara la ambigüedad producida por la homofonía, dando lugar en la poesía a un aprovechamiento del contrapunto tonal.
Lacan hace referencia a la musicalidad a partir de su experiencia con Cheng, nos transmite: “los poetas chinos (…) canturrean. Francois Cheng enunció delante mío un contrapunto tónico, una modulación que hace que eso se canturree, pues de la tonalidad a la modulación hay un deslizamiento”[14].
El Taoísmo, antigua doctrina china fundada por Lao-Tsé, se centra en la noción de Tao, palabra que significa “camino y vacío, principio productor del universo”[15], anterior a toda manifestación, más allá de todo nombre. El vacío es creador. “Todo surge del Vacío supremo. El tao de origen es concebido como el vacío supremo del cual emana el Uno, que es el aliento primigenio mismo. Este genera el Dos, encarnado por los dos alientos vitales Yin y Yang. Ambos por su interacción, generan y animan a los diez mil seres, se ubica el Tres, que da pie a dos interpretaciones no divergentes, sino complementarias”[16]. Según el punto de vista taoísta, el Tres representa la combinación de los alientos vitales Yin y Yang y del vacío mediano, que proviene del vacío supremo, necesario para el obrar armonioso del Yin y el Yang, como proceso dinámico de devenir recíproco que permite acceder a la transformación.
Interpretación - resonancia
Lacan se sirve de la poética china, con la importancia de los tonos, para pensar el estatuto de la interpretación analítica en la perspectiva de la resonancia que toca el cuerpo, oportunidad de hacer sonar otra cosa que el sentido, remitir un sentido al vacío, sosteniendo que la pulsión es “el eco en el cuerpo del hecho de que hay un decir”[17]. La Interpretación en psicoanálisis implica una incidencia en la economía de goce del sujeto. Una interpretación justa apaga el síntoma.
Frente al discurso que gira sobre sí mismo como un disco, Lacan valora el hecho de que la poesía consiga ejercer una perturbación sobre la cristalización del uso del lenguaje, de ahí que pueda obtener un efecto de verdad, pero agrega que la poesía alcanza a producir además un “efecto de agujero”[18] y en ello se asienta lo que se apuesta a cernir con la interpretación, para que el análisis no se reduzca a un blablá.
El analista, orientado por lo real, sostendrá el vacío como “vacío actuante”[19], a favor de producir un efecto de agujero de sentido y permitir en el final del análisis reencontrarse con la contingencia de lo que operó como causa de lo que no cesó de escribirse para cada quien, repitiéndose como necesario a nivel del síntoma.
El sentido tapona, pero con la ayuda de lo que llama la escritura poética china se puede tener la dimensión de lo que es una interpretación analítica. Esta es la orientación ya que la lingüística es una ciencia mal orientada, para ejercer un efecto de agujero y liberar al sujeto de la ignorancia de su goce. Se pasa del sentido como significación ligado al campo gramatical del fantasma, al sentido como dirección, orientación por lo real, hacia la identificación del goce opaco del síntoma.
Entonces, se produce un movimiento de la preferencia al inconsciente a la preferencia por el síntoma, trazando la orilla entre el semblante y lo real. No se trata ni de la sopa de sentido ni del desierto de lo real, sino de ese borde. La letra constituye un borde entre los efectos de sentido y el lugar del goce. Indicar el lugar del goce puede inscribir un sentido nuevo para darle una nueva orientación, otro uso de la repetición, un saber hacer ahí.
Los análisis llevados lo suficientemente lejos, enseñan respecto de que el atravesamiento del sentido gozado lleva a reducir el síntoma a ser un signo, lo que queda del síntoma será un guiño, un parpadeo, una pausa en la respiración, como algunos testimonios de pase logran cernir, a modo de trazo de goce y su marca en el cuerpo, referente que connota un trozo de real que repercutió en el cuerpo como marca fuera de sentido. Algo se escribe en la ruptura producida en el afecto adormecedor de toda articulación significante. Nos orientamos hacia producir un efecto de resonancia en relación a un decir que toque el cuerpo y el goce que lo habita.
Para concluir
Haciendo una lectura retrospectiva considero que el efecto que le produjo a Lacan Oriente con su letra y su interés respecto de la escritura poética china resulta central para cernir otro uso de la lengua distinto al convencional, que produce la experiencia del vacío trazado por la escritura misma como litoral infranqueable de la huella de la pérdida que funciona como marca de goce, borde donde la letra escribe el litoral entre saber y goce. Orientación para hacer entrar una nueva perspectiva de la interpretación analítica.
Referencias bibliográficas
1-Cheng. F. (1977). La escritura poética china. Seguido de una antología de poemas de los Tang, España, Pre-textos, 2016
2-Cheng. F. (1979). Vacío y plenitud. El lenguaje de la pintura china. Buenos Aires, Siruela-Grupal, 2022
3-Lacan. J. (1953). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. Escritos 1, Argentina, Siglo XXI, 1988
4-Lacan. J. (1953-1954). El seminario, Libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Buenos Aires, Paidós, 1995
5-Lacan. J. (1957). La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. Escritos 1, Argentina, Siglo XXI, 1988
6-Lacan. J. (1971). El seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, Buenos Aires, Paidós, 2009
7-Lacan. J. (1971), Lituratierra, en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012
8-Lacan. J. (1975-1976). El seminario, Libro 23, El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006
9-Lacan. J. (1977), El seminario, Libro 24. Clase: 19/4/1977, Inédito
10-Lao-Tse (siglo IV a. C). Tao Te Ching. Negocios editoriales SRL, Need, Buenos Aires, 1999
11-Laurent. E. (1999), El caldero de la Escuela N°74, Buenos Aires, publicación mensual de la EOL.
12-Miller, J.-A. (1998-1999). Los cursos psicoanalíticos: La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Buenos Aires, Paidós, 2003
13-Poe. E. A. (1844) La carta robada, en The Gift
[1] Lacan. J. (1953-1954). El seminario, Libro 1, Los escritos técnicos de Freud, Buenos Aires, Paidós, 1995, p.11
[2] Lacan. J. (1953). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. Escritos 1, Argentina, Siglo XXI, 1988, p. 303
[3] Lacan. J. (1977), El seminario, Libro 24. Clase: 19/4/1977, Inédito
[4] Lacan. J. (1971). El seminario, Libro 18, De un discurso que no fuera del semblante, clase VII, Buenos Aires, Paidós, 2009, pp.105-118.
[5] Lacan. J. (1957). La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. Escritos 1, Argentina, Siglo XXI, 1988, p. 484
[6] Poe. E. A. (1844) La carta robada, en The Gift
[7] Laurent. E. (1999), El caldero de la Escuela N°74, publicación mensual de la EOL, p.12
[8] Lacan. J. (1971), Lituratierra, en Otros Escritos, Buenos Aires, Paidós, 2012, pp. 23-24
[9] Ibíd, p. 28
[10] Ibíd, p. 25
[11] Laurent. E. (1999), op. cit, p.16
[12] Cheng. F. (1977). La escritura poética china. Seguido de una antología de poemas de los Tang, España, Pre-textos, 2016, p.12
[13] Cheng. F. (1979). Vacío y plenitud. El lenguaje de la pintura china. Buenos Aires, Siruela-Grupal, 2022, p.234
[14] Lacan. J. (1977), El seminario, Libro 24, op. cit.
[15] Lao-Tse (siglo IV a. C). Tao Te Ching. Negocios editoriales SRL, Need, Buenos Aires, 1999, p. 7
[16] Cheng. F. (1977). La escritura poética china…op.cit, p.35
[17] Lacan. J. (1975-1976). El seminario, Libro 23, El sinthome, Buenos Aires, Paidós, 2006, p.18
[18] Lacan. J. (1977), El seminario, Libro 24. op.cit, Clase: 17/5/1977, Inédito
[19] Miller, J.-A. (1998-1999). Los cursos psicoanalíticos: La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica. Buenos Aires, Paidós, 2003, p. 201




