Música e inducción de emociones: Una revisión teórica integradora de mecanismos psicológicos y elementos contextuales

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Este trabajo presenta una revisión teórica sobre el vínculo entre música y emoción, con énfasis en los mecanismos que median la inducción emocional musical. Basado en aportes de Meyer, Krumhansl, Gabrielsson, Sloboda y, especialmente, en el modelo BRECVEMA de Juslin (2019), se sistematizan ocho mecanismos psicológicos que explican cómo la música puede generar emociones, desde reflejos del tronco encefálico hasta juicios estéticos. El objetivo principal es describir cómo interactúan factores musicales, contextuales e individuales en la experiencia emocional inducida por la música.

La metodología es de tipo teórica y sintética, articulando estudios empíricos previos con conceptos clave de la psicología de la música. La argumentación se organiza en torno a dos ejes: la distinción entre emoción percibida y emoción sentida, y la influencia del contexto cotidiano o especializado en la respuesta emocional. Como conclusión central, se sostiene que la música no garantiza una respuesta emocional, pero puede activarla mediante rutas psicológicas diversas, condicionadas por la atención, el contexto y las diferencias individuales.

INTRODUCCIÓN

La música puede ser utilizada como medio para inducir estados emocionales López, M., Justel, N., & Díaz Abrahán, V. (2024). Esta propiedad ha sido abordada desde múltiples disciplinas. Meyer (1956) propuso que las emociones musicales emergen de la manipulación de expectativas estructurales, mientras que Krumhansl (1997) encontró correlaciones entre experiencias emocionales y respuestas fisiológicas, lo que sugiere una base corporal significativa en la vivencia emocional de la música. Juslin (2019) en cambio nos propone una serie de mecanismos psicológicos causales de la emoción inducida por música, en donde la activación fisiológica efectuada por el material musical no siempre resulta lo más relevante en la relación música-emoción. Gabrielsson (2001) amplía esta diferenciación al analizar experiencias musicales intensas, destacando cómo una obra puede describir emociones específicas sin que estas se vivencien internamente, y viceversa. Por su parte, Sloboda (2010) propone que el papel del contexto resulta crítico al igual que las actitudes y capacidades atencionales del oyente.

Como punto de partida consideraremos que, dada la complejidad del fenómeno, este efecto música-emoción dependería en parte a las características de los diferentes materiales musicales, pero en relación íntima a la influencia de los factores contextuales y las diferencias individuales entre los oyentes (Juslin, 2013, 2019).

EMOCIÓN PERCIBIDA Y EMOCIÓN SENTIDA

La emoción percibida (perceived emotion) hace referencia a las ocasiones en las que el oyente reconoce o interpreta emociones en la música, independientemente de que las experimente en sí mismo. Por ejemplo, cuando alguien afirma: “esta música es triste” o “esta canción expresa alegría”, está realizando un juicio cognitivo sobre el carácter emocional de la obra. Esta dimensión de la experiencia musical es predominantemente evaluativa y racional, y no requiere necesariamente la implicación emocional del oyente. Una característica clave de la emoción percibida es que puede existir de manera independiente de la emoción sentida. Podemos identificar alegría en una canción como Happy de Pharrell Williams incluso si, en ese momento, estamos molestos o indiferentes.

La mayoría de los investigadores considera que este tipo de percepción emocional puede realizarse de forma relativamente objetiva o “en frío”, y que es posible alcanzar ciertos consensos intersubjetivos sobre las emociones expresadas por una obra musical (Juslin & Sloboda, 2010). En esta línea, Gabrielsson (2001) amplía esta diferenciación al analizar experiencias musicales intensas, destacando cómo una obra puede describir emociones específicas sin que estas se vivencien internamente, y viceversa. No obstante, la impresión individual del oyente sobre la emoción percibida no puede refutarse en términos estrictamente objetivos, dado su carácter interpretativo.

Por otro lado, la emoción sentida (felt emotion, también llamada emoción inducida o activada) se refiere a la respuesta emocional que la música suscita realmente en el oyente. Implica una experiencia subjetiva acompañada, a menudo, por activación fisiológica y por cambios en el estado afectivo. En este caso, la música no solo es evaluada emocionalmente, sino que desencadena una vivencia emocional concreta. A diferencia de la emoción percibida, la emoción sentida responde a un procesamiento más profundo, en el que el contenido musical activa mecanismos emocionales en función del contexto, la historia personal del oyente y/o sus expectativas. Esta distinción es importante porque permite entender por qué a veces se percibe una emoción sin llegar a sentirla, o incluso se siente una emoción diferente a la percibida. Por ejemplo, una persona puede percibir tristeza en una pieza musical y, al mismo tiempo, experimentar placer estético al escucharla.

En síntesis, la emoción percibida implica un juicio sobre las características emocionales de la música (“esta música es triste”), mientras que la emoción sentida se refiere a la vivencia emocional que la música induce en el oyente. Aunque conceptualmente distinguibles, en la práctica ambas dimensiones pueden solaparse o confundirse, lo que plantea desafíos y alertas interesantes a la hora de hablar sobre música y emoción.

Para distinguir la experiencia entre emoción percibida y sentida, Gabrielson (2002) sugiere cuatro patrones de relaciones entre ellas en respuesta a la música: una relación positiva, otra negativa, ninguna relación sistemática y ninguna relación. Utilizando este modelo de análisis, estudios han demostrado que no siempre hay congruencia entre la emoción sentida y la emoción percibida (Kawakami et. al., 2013) exponiendo con ello la posibilidad de que lo que experimentamos al escuchar música sea una emoción indirecta.

FACTORES CONTEXTUALES: MÚSICA EN LA VIDA COTIDIANA Y CONTEXTOS ESPECIALIZADOS

El término música en la vida cotidiana ha ganado presencia en la literatura de investigación psicológica y sociológica durante las últimas décadas. En la vida cotidiana, la música es empleada como herramienta para modular estados de ánimo, regular la energía o establecer vínculos sociales.

DeNora (2000) sostiene que los individuos utilizan activamente la música para configurar su identidad, gestionar sus emociones y coordinar acciones sociales, convirtiéndola en un recurso estructurante del tiempo vivido.

Por su parte, Sloboda (2010) se refiere a experiencias musicales que ocurren con alta frecuencia —incluso a diario— y que están fuertemente ligadas a la especificidad cultural del entorno en el que se producen.

Estas experiencias de música en la vida cotidiana se distinguen de aquellas que ocurren en contextos especializados por una serie de características fundamentales:

· Frecuencia de ocurrencia: La música cotidiana aparece con frecuencia en la vida diaria.

· Propiedades del contexto: Se desarrolla en entornos ordinarios no diseñados para la audición musical, como el hogar, la calle, restaurantes, espacios públicos, transporte y lugares de trabajo.

· Circunstancia de exposición y elección: En muchos casos, la música no es elegida deliberadamente; las personas la encuentran de forma incidental mientras realizan otras actividades. Incluso cuando hay una selección consciente, la experiencia suele estar sujeta a interrupciones e interferencias.

· Naturaleza de la transmisión: La música cotidiana es, por lo general, grabada, reproducida con medios básicos o precarios, y frecuentemente se presenta desprovista de información contextual como el compositor, el intérprete o el año de producción. · Naturaleza de la música: Aunque cualquier tipo de música puede ser escuchada en contextos cotidianos, ciertos formatos — como canciones populares exitosas o jingles publicitarios— están especialmente diseñados para competir por captar la atención en entornos complejos.

· Centralidad de la música: En la vida cotidiana, la música no suele ser el foco principal de la experiencia, sino que acompaña otras actividades. El contexto no musical adquiere un papel predominante.

En contraste, los contextos especializados presentan las siguientes características:

· Frecuencia: Se dan con menor frecuencia, generalmente en momentos o eventos específicos.

· Entorno: Se desarrollan en espacios diseñados para la escucha atenta, acústicamente protegidos y con mínima interferencia externa.

· Circunstancia de exposición y elección: La experiencia musical es intencionada; la música es el foco principal de la atención. Se busca un mayor control sobre la situación y se reduce la probabilidad de interrupciones.

· Naturaleza de la transmisión: Predomina la música en vivo o reproducida en condiciones de alta fidelidad.

· Naturaleza de la música: Comúnmente se trata de música “de arte” (como sinfonías, óperas o conciertos) o música asociada a rituales y ceremonias.

· Centralidad de la música: En este contexto, la música constituye el núcleo de la experiencia.

Es fundamental comprender que, si bien esta distinción entre contextos no es absoluta, sí tiene consecuencias significativas en términos de la activación emocional. El mismo fragmento musical puede producir experiencias emocionales diferentes si se escucha en un bar, al volante de un auto o en una sala de conciertos, debido a variaciones en la atención, las intenciones y las expectativas del oyente.

A modo de resumen, puede afirmarse que en contextos cotidianos las emociones tienden a ser de baja intensidad, suelen involucrar emociones básicas, y están influenciadas por el significado personal del entorno no musical o por recuerdos asociados. Estas emociones se manifiestan con frecuencia en acciones inmediatas y presentan una mayor proporción de respuestas afectivas negativas. En cambio, en contextos especializados, las emociones suelen ser más intensas y memorables, con una mayor complejidad afectiva y una valencia predominantemente positiva. Estas experiencias emocionales están más directamente vinculadas a la música en sí misma o a sus intérpretes, y tienden a adquirir un carácter más introspectivo y contemplativo. (Sloboda,2010)

EL MODELO BRECVEMA DE PATRICK N. JUSLIN

 De acuerdo con López, M., Justel, N., & Díaz Abrahán, V., (2024), el efecto de activación emocional inducida por música va a depender principalmente de las características del material musical utilizado, pero, considerando la complejidad del fenómeno, los factores personales y contextuales también tendrían un papel central.

El modelo BRECVEMA, desarrollado por P. N. Juslin propone un marco teórico explicativo basado en la identificación de los mecanismos psicológicos que median dentro del dispositivo música-contexto-Emoción. Un mecanismo psicológico es un proceso causal a través del cual se genera un resultado que:

· Se identifica por el tipo de efecto o fenómeno que produce. Un mecanismo es siempre un mecanismo para algo.

· Es una noción irreductiblemente causal. Se refiere a las entidades de un proceso causal que produce el efecto de interés.

· Posee una estructura. Una explicación basada en mecanismos busca revelar esta estructura. (Juslin, 2019).

A su vez un mecanismo psicológico depende tanto de la información recibida como almacenada, que se procesa en interacción dinámica con un entorno.

Por lo general, es el contexto el que convierte el “potencial causal” en un “resultado causal”. De acuerdo con esto las emociones musicales dependen de la música, del oyente y del contexto para ser explicadas. Los mecanismos forman una jerarquía: aunque un mecanismo en un nivel presupone la existencia de ciertas entidades, con propiedades y actividades características, se espera que existan mecanismos de nivel inferior que puedan explicar estas propiedades y actividades. Una propuesta teórica comprensiva para abordar esta complejidad es el marco BRECVEM (Juslin 2013) y BRECVEMA (Juslin 2019), que identifica ocho mecanismos psicológicos a través de los cuales la música puede suscitar emociones, ya sea de forma individual o combinada. Un punto clave de este modelo es que algunos de estos mecanismos pueden no tener acceso o no considerar si el estímulo es “solo música” o no, respondiendo a ciertas características de la información independientemente de su fuente, lo que puede explicar por qué la música evoca emociones que aparentemente “no tienen sentido” en un contexto musical.

Los mecanismos del marco BRECVEMA median las características del evento musical (música y contexto) entre la relación psicofísica y las características internas del oyente. Poniendo especial atención a la preponderancia de los materiales musicales así como de la conciencia y voluntad del individuo.

A continuación, exploraremos brevemente los principales mecanismos propuestos en este marco:

· Reflejo del Tronco Encefálico (Brainstem Reflexes): Mecanismo antiguo y visceral ligados a una conexión cercana entre percepción y comportamiento motor. Responden de forma rápida, automática y no aprendida frente a sonidos que son repentinos, fuertes, disonantes, o que presentan patrones de aceleración. El estado afectivo que puede provocar es el de una excitación general o sorpresa. Requiere baja influencia por parte del oyente para inducir el afecto. Requiere de baja disponibilidad consciente. Las regiones cerebrales implicadas son: el colículo inferior, el tracto reticuloespinal y los núcleos intralaminales del tálamo. Neuropsicológicamente implica al estado de alerta y atención. Ontogenéticamente aparece antes del nacimiento.

· Encarrilamiento o Arrastre Rítmico (Rhythmic Entrainment): Otro mecanismo antiguo y visceral que implica una sincronización de ritmos endógenos (como el latido cardíaco o el paso al caminar) con el ritmo musical. Puede generar una sensación de energía o vitalidad, facilitando la coordinación motora en tareas de trabajo físico. El arrastre, generado por pulsos periódicos, especialmente alrededor de 2Hz, requiere de una baja influencia del oyente para inducir afectos, que en este caso puede generar excitación general y sentimientos de comunión (sentirse conectado, vinculado emocionalmente). Impacta a las redes de osciladores múltiples en el cerebro y a las regiones sensoriomotoras. Ontogenéticamente aparece antes del nacimiento.

· Condicionamiento Evaluativo (Evaluative Conditioning): es el proceso por el cual una música evoca una emoción por el simple hecho de estar emparejada con otros estímulos positivos o negativos. La música se convierte en una “señal de recuperación” para la emoción asociada. Induce a emociones básicas. Este proceso puede ser involuntario y ocurrir fuera de la conciencia y se centra en la covariación entre eventos. Tiene alto impacto en el aprendizaje y en la cultura. Puede activarse independientemente de otros procesos por lo que es altamente modular. Implica al núcleo lateral de la amígdala y al núcleo interpuesto del cerebelo. Ontogenéticamente aparece, perceptivamente, antes del nacimiento.

· Contagio Emocional (Contagion): Implica el mimetismo no consciente de la expresión emocional percibida en la música. La música con características acústicas similares a una voz humana que expresa tristeza (ej. tempo lento, modo menor) puede inducir una sensación de tristeza en el oyente. Este mecanismo se describe como altamente “modular”, activándose independientemente de otros procesos y respondiendo a características expresivas como si vinieran de un ser humano real. Se ven implicadas, en este caso, las neuronas en espejo en las regiones premotoras. Funcionalmente mejora la cohesión del grupo y la interacción social. Este mecanismo procesa información motora y emocional relacionada con la voz humana, e induce a emociones básicas. Ontogenéticamente aparece a partir del primer año de vida.

· Imágenes Visuales (Visual Imagery): La música evoca imágenes mentales o escenas en la mente del oyente, y estas imágenes, a su vez, suscitan emociones. Las imágenes visuales a menudo co-ocurren con recuerdos episódicos. Este mecanismo puede provocar sensaciones de placer y relajación profunda, muy conveniente para el uso clínico. No obstante, puede inducir a todo tipo de emociones. El impacto cultural y de aprendizaje es influyente. Este proceso es altamente volitivo y consciente, ya que depende del oyente elegir activamente conectar con tal o cual imagen. Ontogenéticamente aparece en los primeros años preescolares.

· Memoria Episódica (Episodic Memory): La música activa recuerdos de eventos pasados de la vida del oyente que estaban asociados con emociones. Estos recuerdos nos dan un sentido de identidad y nos ayudan a prepararnos para el futuro. Las emociones re-experimentadas a través de la música suelen estar vinculadas a las emociones sentidas durante el evento original. Influye la cultura y el aprendizaje La memoria episódica requiere de representaciones desvinculadas de la estimulación y de la autoconciencia. Implica las regiones cerebrales del lóbulo temporal medial, especialmente el hipocampo, y la corteza prefrontal medial dorsal. Modularmente baja ya que requiere de otros recursos: memoria, atención. Este mecanismo induce a todas las emociones posibles, pero especialmente evoca nostalgia. Ontogenéticamente aparece entre los 3 y 4 años de edad.

· Expectativa Musical (Musical Expectancy): Las emociones surgen cuando el curso de la música confirma, suspende o viola las expectativas del oyente sobre cómo continuará la estructura musical (armonía, melodía, ritmo), evocando de esta manera emociones tales como ansiedad, sorpresa, escalofríos, esperanza, decepción. Aquí la respuesta inducida depende en gran medida de la estructura musical. Las violaciones de expectativa musical activan regiones cerebrales similares a las involucradas en la sintaxis del lenguaje: la corteza perisilviana, el área de Broca, la región dorsal de la corteza cingulada anterior y la corteza frontolateral orbital. Este mecanismo facilita el lenguaje simbólico y procesa información sintáctica. La cultura y el aprendizaje tienen un alto impacto. Ontogenéticamente aparece entre los 5 y los 11 años de edad.

· Juicio Estético (Aesthetic Judgment): Implica una evaluación de la belleza o el valor artístico de la música basada en criterios aprendidos o personales. Aunque el juicio en sí puede ser influenciado por emociones previas, también puede resultar en una emoción (como asombro, admiración). Este mecanismo a menudo se asocia más con contextos especializados.

CONCLUSIONES

La música nos ofrece una respuesta emocional, pero no nos la garantiza. Comprender cómo la música puede inducir o activar experiencias emocionales requiere atender, por un lado, a la naturaleza y estructura de la propia música; por otro, a las diferencias individuales de los oyentes, sus historias personales, objetivos y disposiciones atencionales; y, además, a los distintos factores contextuales que rodean cada experiencia musical.

La configuración de jerarquías entre las variables mediadoras que permiten explicar la causalidad de las experiencias emocionales activadas musicalmente, intenta integrar de modo orgánico estos elementos -musicales, contextuales y psicológicos- siendo posible comprender en profundidad por qué, cuándo y cómo la música logra emocionarnos.



BIBLIOGRAFÍA

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