El horror al saber y la sorpresa aterrada

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Este artículo analiza la caracterización freudiana de la noción de horror, término que constituye el afecto principal del que nos ocupamos en nuestra investigación, en particular, referido al saber. En los textos de Freud, cada vez que se trata del surgimiento de horror -también del choque o shock, el terror y en algunas ocasiones de la angustia-, constatamos la presencia de un elemento que se repite. Este factor es el susto, el temor súbito. En esta configuración que Freud utiliza para describir la emergencia del horror (Horror, Terror, Schreck) y de lo ominoso (das Unheimliche), detectamos una invariante estructural determinada por la irrupción inesperada, lo repentino. Dicho de otro modo, el horror (der Schrecken) sorprende y con su irrupción desbarata la homeostasis.

Esta encrucijada clínica es descrita por Freud como una sorpresa aterrorizada. La combinación de palabras que utiliza, en alemán, con diversos matices y declinaciones, comprende los términos Überraschung (sorpresa) y Schreck (susto, choque, terror, horror). En este trabajo situamos algunas precisiones sobre el uso de estos términos en relación con el saber.

Por último, como punto de llegada del presente trabajo, formulamos una pregunta relativa a la temporalidad transferencial del horror al saber.

INTRODUCCIÓN

En este trabajo analizamos el modo freudiano de caracterizar la noción de horror, término que constituye el afecto principal que nos interesa en nuestra investigación, en particular, referido al saber. Este trabajo constituye un paso previo a la delimitación de la especificidad del afecto de horror vinculado al saber. El mismo consiste en delimitar la caracterización freudiana del horror para, ulteriormente, analizar el modo en que Lacan retoma la pista freudiana para referirse a lo que denomina “horror al saber” u “horror de saber” (horreur de savoir) (Lacan 1974: 116).

En la bibliografía freudiana, cada vez que se trata del surgimiento de horror -también del choque o shock, el terror y en algunas ocasiones de la angustia-, constatamos la presencia de un elemento que se repite. Este factor es el susto, el temor súbito. De esta configuración que Freud utiliza para caracterizar la emergencia del horror (Horror, Terror, Schreck) y también de lo ominoso (das Unheimliche), detectamos una invariante estructural determinada por la irrupción inesperada, lo repentino. Dicho de otro modo, el horror (der Schrecken) sorprende y con su irrupción desbarata la homeostasis. Esta encrucijada clínica es descrita por Freud como una sorpresa aterrorizada. La combinación de palabras que utiliza, en alemán, con diversos matices y declinaciones, comprende los términos Überraschung (sorpresa) y Schreck (susto, choque, terror, horror). Se trata de un problema que encontramos planteado por Freud en “Lo ominoso”, en primer lugar, y en “Más allá del principio del placer”, luego.

Dicho tema fue retomado en toda la dimensión de su interés clínico por Theodor Reik, discípulo destacado de Freud; nos ocuparemos de sus desarrollos más adelante, principalmente sobre las elaboraciones de El terror (Der Schrekren).

Por otra parte, con un interés crítico y filosófico, Walter Benjamin le ha dedicado un ensayo fundamental al problema freudiano. Con la lucidez que lo caracteriza, en diálogo con “Más allá del principio del placer”, escribe: “’Para el organismo viviente la defensa contra los estímulos es una tarea casi más importante que la recepción de estos; el organismo se halla dotado de una cantidad propia de energía y debe tender sobre todo a proteger las formas particulares de energía que la constituyen respecto al influjo nivelador, y por lo tanto destructivo, de las energías demasiado grandes que obran en el exterior’ -hasta aquí la extensa cita freudiana en el texto de Benjamin- La amenaza proveniente de esas energías es la amenaza de shocks. Cuanto más normal y corriente resulta el registro de shocks por parte de la conciencia menos deberá temer un efecto traumático por parte de estos.

La teoría psicoanalítica trata de explicar la naturaleza de los shocks traumáticos ‘por la rotura de la protección contra los estímulos’. El significado [Bedeutung] del miedo [Angst] es, según esta teoría, la ‘ausencia de la predisposición a la angustia [Angst]’”. (Benjamin, 1939: 17-8. Las palabras alemanas entre corchetes son nuestras).[1]

La lectura de Benjamin del texto freudiano nos da la clave de nuestra propuesta de investigación. Al avanzar en las variables inherentes a la mayor o menor investidura de la protección antiestímulo, notamos la importancia de indagar acerca de la presencia y las funciones de los términos Schreck, Überraschung y sus derivados en las elaboraciones de Freud. Nuestro interés no es lingüístico ni literario; sin embargo, entendemos que la elucidación del problema que dichos términos connotan abre un panorama amplio a una serie de otros problemas de la clínica psicoanalítica. Estos últimos son los que nos interesa caracterizar y delimitar en este trabajo.

A partir de precisar la traducción al castellano de estos términos y el modo freudiano de plantear el problema del horror siempre sorpresivo, avanzaremos sobre el modo lacaniano de abordar el problema del horror y, en particular, del horror al saber. Para ello, indagaremos las relaciones de la sorpresa con la tique y las temporalidades del inconsciente y de la transferencia.

Por último, como punto de llegada de este artículo, representativo del estado de avance de nuestra investigación, formularemos una pregunta relativa a la temporalidad transferencial del horror al saber.

UN GOCE IGNORADO

El misterio del surgimiento de la realidad y las cosas que en ella habitan para cada uno está en el corazón del interés del psicoanálisis. La aparición de lo novedoso representa un punto de inflexión en el estudio de la subjetividad humana. ¿Cómo comienzan a existir los elementos que componen eso que llamamos realidad, los objetos cotidianos, la trama de ofertas del mundo y el sentido que en ellas nos sostiene en roles y lugares diversos?

Esta pregunta de apariencia tan general es, sin embargo, uno de los principales ejes de análisis que organizan el escrito “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958), en particular, en torno del problema de la interpretación analítica. Tal vez, la respuesta más eficaz que encontramos en el texto mencionado para esa pregunta sea la siguiente: lo único que inyecta el sentido en la vida es el significante. Allí, en ese punto en que algo que no existía comienza a existir para el sujeto o, mejor dicho, en la encrucijada donde adviene un sujeto siempre nuevo, ese umbral entre la nada y algo está signado por un afecto. Ese afecto es la sorpresa. En una especie de apofanía, esa cuarta etapa del Stimmung esquizofrénico caracterizado por Klaus Conrad (1958: 122) en primer lugar y por Louis Sass[2] (1992: 77) luego -que sigue a la anticipación angustiosa- las cosas aparecen en la realidad, sin más: “se vuelven manifiestas”, tal la etimología del término de origen griego. En la apofanía, el momento del fenómeno, es decir del phaneron, algo se deja ver emergiendo de la ausencia a la presencia palmaria, sorpresivamente. De repente una mesa, un árbol o una calle, cualquiera de los elementos más habituales de la cotidianeidad puede aparecer en su dimensión de novedoso, como recién surgido de la nada. Por eso mismo, aterradoramente sorpresivo. En esta sorpresa aterradora, schreckliche Überraschung en los términos alemanes elegidos por Freud en sus textos “Lo ominoso” y “Más allá del principio del placer”, las irrupciones apofánicas encuentran un denominador común con las expresiones transferenciales del horror al saber (Alomo & Muraro, 2023 y 2025).

Entre los antecedentes freudianos a la noción lacaniana de horror al saber, habíamos detectado (Muraro & Alomo, 2023) un conocido pasaje del historial de “El Hombre de las Ratas” donde el analista describe el rostro del paciente en el que se advierte el vínculo entre el horror y un saber que se intenta desterrar: “En todos los momentos más importantes del relato se nota en él una expresión del rostro de muy rara composición, y que sólo puedo resolver como horror ante su placer, ignorado {unbekennen} por él mismo”. (Freud, 1909b: 133. El destacado corresponde al original).

De esta escueta cita nos llamó la atención la palabra alemana colocada entre llaves por la edición castellana de Amorrortu: unbekennen. La detención en dicho significante responde a un doble motivo. En primer lugar, el hecho de que se trate de una diferencia observable entre la traducción al castellano de José Luis Etcheverry en la comparación con el original en alemán, como podemos observar: “Bei allen wichtigeren Momenten der Erzählung merkt man an ihm einen sehr sonderbar zusammengesetzten Gesichtsausdruck, den ich nur als Grausen vor seiner ihm selbst unbekannten Lust auflösen kann”. (Freud, 1909a: 176). (El término “unbekannten” es destacado por nosotros).

En segundo lugar, nos interesó la recurrencia del término “bekannt” (conocido o consabido); es decir, la misma palabra de la cita de “El Hombre de las Ratas” pero, en esta ocasión, sin el prefijo adversativo con el que la encontramos en uno de los primeros párrafos de “Lo ominoso” (Das Unheimliche).

“La palabra alemana «unheimlich» es, evidentemente, lo opuesto de «heimlich» {«íntimo»}, «heimisch» {«doméstico»}, «vertraut» {«familiar»}; y puede inferirse que es algo terrorífico justamente porque no es consabido {bekannnt} ni familiar. Desde luego, no todo lo nuevo y no familiar es terrorífico; el nexo no es susceptible de inversión. Sólo puede decirse que lo novedoso se vuelve fácilmente terrorífico y ominoso; algo de lo novedoso es ominoso, pero no todo. A lo nuevo y no familiar tiene que agregarse algo que lo vuelva ominoso”. (Freud, 1919: 220). (El término “bekannt” entre llaves está destacado por nosotros). Observamos de esta manera que el par bekannt (consabido) – unbekannt (ignorado) reviste un interés central para detectar la emergencia del horror y reconocer, luego, la vinculación entre este afecto que nos interesa particularmente en relación con las irrupciones de saber y con lo ominoso. Precisamente son esas irrupciones las que se revelaron como un emergente que llamó nuestra atención: la extrañeza y la temporalidad propias de una revelación en la que la sorpresa se expresa.

Lo dicho nos señala un camino que nos permite situar un emergente que insiste con carácter de invariante en la conformación de las manifestaciones de horror al saber y es señalado, tanto por Freud como por Lacan, como la sorpresa. Sin embargo, no se trata de cualquier expresión de sorpresa ya que no necesariamente este afecto posee una connotación penosa o negativa, sino de aquella que Freud adjetiva como “aterrada”. El sintagma correspondiente en lengua alemana es die schreckliche Überraschung y su surgimiento es correlativo de las expresiones transferenciales del horror al saber. A continuación, nos explayaremos sobre el modo en que arribamos a la delimitación de este punto.

DIE SCHRECKLICHE ÜBERRASCHUNG

Esta sorpresa (die Überraschung) que Freud caracteriza como irrupción súbita en su texto sobre lo ominoso y en “Más allá del principio del placer”, es descrita como “susto”, término que escoge frecuentemente en su traducción López Ballesteros. Este fenómeno súbito se diferencia de una sorpresa agradable por ser atemorizante o aterrador. Por ello, en los textos de Freud, lo encontramos combinado con el término Schreck (susto) y sus derivados (shreckren, schreckeren, etc.), Terror y Horror (de grafía similar al castellano). En “Lo ominoso”, Freud se encarga de analizar las similitudes y diferencias de estos términos con Angst (angustia), para precisar la especificidad de lo siniestro, que considera un componente de aquella en tanto matiz de lo terrorífico, justamente en lo sorpresivo.

Schreck y Überraschung aportan lo específico de lo ominoso en la irrupción sorpresiva y aterrorizante a la vez que, al no encontrar al aparato psíquico -en los términos freudianospreparado para recibir el embate por un montante de angustia, este evento logra entonces perforar la protección antiestímulo, de acuerdo a las elaboraciones de “Más allá del principio del placer” (1920: passim). El interés en esta sorpresa aterrada que emerge súbitamente lo encontramos diseminado en numerosos señalamientos de Freud y de Lacan. Nos hemos explayado extensamente al respecto en otro lugar (Alomo & Muraro, 2025: 189-196). En Más allá: escrituras respecto al terror, la inercia y la muerte: tres elaboraciones desde Mas allá del principio de placer a partir de la nueva traducción crítica, respecto de los términos alemanes Schreck y Überraschung.

Lionel Klimkiewicz, quien se ha ocupado extensamente durante los últimos años, junto a Juan Carlos Cosentino, de una revisión crítica de las ediciones en castellano de las obras de Freud, comenta: “Uno de los objetivos de nuestro trabajo de edición de los manuscritos de Freud es el de rescatar palabras o conceptos de su obra que han quedado invisibilizados por las traducciones, ya que esto permite una lectura novedosa de la obra del fundador del psicoanálisis para los lectores en lengua castellana. Esta invisibilización a veces se produce por errores en la traducción, o porque los traductores de las ediciones con mayor circulación en nuestra lengua no eran psicoanalistas, lo que supone un obstáculo para ahondar en la cabal significación de ciertos términos, ideas, conceptos de la obra del padre del psicoanálisis. En el caso que nos interesa aquí, las palabras Schreck y Überraschung han corrido esa suerte, a lo que podríamos agregar que la importancia y el desarrollo que el concepto de angustia ha tenido en Freud y sus seguidores, entre ellos Lacan, ha colaborado a que se mantengan en penumbras”. (Klimkiewicz, 2022: 31). Consideramos de gran importancia esta referencia debido al matiz teórico-clínico que ilumina, hasta ahora “en penumbras”. Tales detalles, que abundan en “Lo ominoso” y en “Más allá del principio del placer”, en sus relaciones con el horror al saber señalan la encrucijada que define nuestro tema específico de investigación.

ALGUNAS CONSIDERACIONES FINALES Y UN INTERROGANTE ABIERTO

De lo expuesto hasta aquí se sigue que la sorpresa aterrada (die schreckliche Überraschung), incluso ominosa, se manifiesta como una irrupción y eso mismo nos permite suponerla episódica y esporádica. Aun así, consideramos pertinente formular una pregunta que consideramos un punto de llegada para el presente trabajo. De hecho, el desarrollo desplegado hasta aquí podría considerarse como un planteo necesariamente preliminar a la formulación del interrogante en cuestión. Lo formulamos en los siguientes términos: el fenómeno clínico caracterizado como horror al saber, dado que una de sus coordenadas invariantes es la sorpresa, ¿presenta características episódicas o agudas, o más bien se trata de una configuración clínica sostenida en la temporalidad de la transferencia con una duración tal que no nos permitiría caracterizarlo como un fenómeno ocasional sino más bien como un estado transferencial con cierta duración y estabilidad?

NOTAS

[1] Agradecemos la referencia de Walter Benjamin a la psicoanalista y escritora argentina Liliana Heer.

[2] Uno de los autores ha mantenido una conversación con Louis Sass sobre este tema, en el marco de las actividades promovidas por la Secretaría de Investigaciones de esta Casa de Estudios. Se puede ver y escuchar dicho intercambio en el siguiente link: https://www.youtube. com/watch?v=UyuOOsn6RIg&t=352s

 

BIBLIOGRAFÍA

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