Intimidad artificial y subjetividad: una lectura sistémica

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Este trabajo interroga las mutaciones por el acoplamiento subjetivo a la Inteligencia Artificial (IA) y objetos computacionales. Este despliegue constituye un entorno interactivo que incluye al observador y moldea sus formas de vinculación (von Foerster, 1981). Desde la sociología, este lazo se conceptualiza como una "intimidad artificial" donde la conectividad permanente fragiliza la capacidad humana para sostener conversaciones reflexivas (Turkle, 2011).

Es imperativo interrogar este fenómeno desde la psicología sistémica para disputar el concepto de subjetividad ligado a lecturas intrapsíquicas. Para la epistemología constructivista, la subjetividad emerge de los circuitos de retroalimentación y los acoplamientos estructurales entre el sujeto y su medio. Así, el malestar clínico actual no puede escindirse de la ecología digital donde se despliega.

Este ensayo problematiza también el imperativo del bienestar y la felicidad mercantilizada en la salud mental. Los dispositivos tecnológicos operan como reguladores artificiales del afecto que obturan el conflicto creativo. A la par de la economía ecológica (Martínez Alier, 2006), el malestar psíquico se conceptualiza no como fallo biológico individual, sino como externalidad negativa de un sistema socio-tecnológico hiper-entrópico. El vaciamiento relacional clínico es homólogo al de las mediaciones institucionales públicas; en ambos niveles, la delegación absoluta en dispositivos tecnocráticos atenta contra la autonomía.

Desarrollo

Al analizar el impacto de los entornos interactivos en los sistemas relacionales, resulta ineludible recuperar los axiomas de la comunicación humana (Watzlawick et al., 1967). Toda comunicación opera en los niveles de contenido (digital/sintáctico) y relación (analógico/semántico); el segundo clasifica al primero y determina la naturaleza del vínculo. En la interacción mediada por pantallas e IA se observa una hipertrofia del contenido en detrimento de lo relacional. La pérdida de componentes analógicos -prosodia, mirada y corporalidad- despoja al intercambio de su densidad pragmática y trunca la capacidad para metacomunicar eficazmente.

Esta mutilación adquieres complejidad cuando el interlocutor es una IA. El acceso permanente (24/7) de los asistentes virtuales genera una disponibilidad ilusoria que compite con la demora de los lazos humanos, permitiendo ensayar interacciones controladas que eluden el riesgo social del encuentro cara a cara. Desde una lectura sistémica, la IA deja de ser una herramienta para constituirse en un "tercer virtual sintético" que triangula las relaciones y altera reglas, fronteras y límites de los sistemas familiares y de pareja.

Esta disponibilidad interactiva transforma los circuitos de autorregulación del sujeto. Desde la cibernética de primer orden (Wiener, 1948), un sistema se estabiliza mediante bucles de retroalimentación negativa que corrigen desvíos para mantener la homeostasis. Ante la angustia o el vacío, scrolear o interrogar a una IA opera como un "termostato emocional artificial" que absorbe la tensión y devuelve una calma aparente. En la clínica, estas respuestas se inscriben en la lógica de los intentos de solución que sostienen el problema (Watzlawick et al., 1974): ante el conflicto, el sujeto recurre al dispositivo en busca de alivio, clausurando la posibilidad de habitar la incertidumbre de forma diferida.

Desde la cibernética de segundo orden (von Foerster, 1981), la respuesta instantánea elimina los tiempos de latencia necesarios para la metabolización psíquica. Al suprimir la demora, se obtura el procesamiento emocional, cognitivo, relacional y físico. El cuerpo acusa el impacto, traduciendo la incapacidad de sostener la espera en desregulaciones metabólicas, ansiedad crónica y alteraciones en el ciclo del sueño.

Esta sujeción configura una heteronomía subjetiva que establece un isomorfismo estructural con los debates de la teoría política contemporánea (Mouffe, 2007) sobre la crisis del orden liberal. Así como el escenario macrosocial se debate entre democracias delegativas (Modelo A), la radicalización institucional (Modelo B) o la autoorganización comunitaria (Modelo C), el sujeto contemporáneo replica esa tensión en su micropolítica. Al delegar la regulación de su angustia en el termostato algorítmico, claudica su capacidad autorregulatoria frente a una soberanía técnica, optando por una salida delegativa (Modelo A subjetivo) que obtura las demás vías.

Esta tecnología del sufrimiento puede analizarse a la par de la economía ecológica (Martínez Alier, 2006). Así como los sistemas industriales generan externalidades negativas que el mercado no contabiliza, el imperativo corporativo del bienestar promueve una optimización del rendimiento individual mediante aplicaciones de felicidad estandarizada. Bajo esta lógica, la ansiedad, el insomnio y el colapso subjetivo observados en el consultorio no constituyen fallas de la máquina biológica del paciente, sino las externalidades negativas de un ecosistema digital hiper-entrópico. Este entorno acelera el desgaste del sujeto al devorar su negentropía -su energía organizada, sus lazos densos y sus tiempos de descanso genuino- para dejarlo en un estado de caos y colapso sistémico en pos de una productividad permanente.

El diálogo interno es entendido desde la psicología sistémica como una polifonía relacional: un coro de voces y narrativas internalizadas que emergen del interjuego continuo con la alteridad. La introducción de la IA como interlocutor altera radicalmente la ecología de este mundo interno. Berardi (2010) historiza la mutación antropológica actual a partir del pasaje de un modelo de conjunción (encuentro de los cuerpos, lentitud y empatía) a uno de conectividad (interfaces sintácticas rápidas y descorporizadas). Al interactuar con agentes algorítmicos que imitan la sintaxis humana, pero carecen de densidad semántica, la subjetividad sufre un proceso de desensibilización. El sujeto empieza a internalizar la lógica del software: un código binario basado en la lógica del on/off ("me gusta/no me gusta"), una matriz de eficacia que estandariza las respuestas y despoja al diálogo de la rugosidad necesaria para procesar la contradicción. Este pasaje se retroalimenta con la erosión de los terceros espacios de socialización espontánea y debate presencial.

Al verse reducidos los lugares de encuentro físico, plataformas digitales privadas gobernadas por algoritmos de recomendación desplazan la deliberación pública, encapsulando al usuario en burbujas autorreferenciales que apaciguan el descontento social mediante una catarsis estéril. Se configura así una dinámica que la cultura digital contemporánea cristaliza mediante la apropiación metafórica de la sátira audiovisual de Los Simpsons donde el abuelo le grita enfurecido a una nube. Desde el análisis de la comunicación humana, esta imagen adquiere el estatus de categoría analítica: representa la ilusión de una participación sociopolítica reducida a un monólogo descorporeizado, una protesta atomizada que agota su potencia transformadora en los circuitos closed de la interfaz.

Esta internalización del código binario altera también la cualidad de la autoverbalización. Al introyectarse el imperativo corporativo de la "felicidad obligatoria", el coro de voces adopta una función punitiva y de vigilancia constante. Frente a la emergencia inevitable del sufrimiento, la latencia o el cansancio -entendidos como fallas de rendimiento de la propia maquinaria-, el diálogo reflexivo es sustituido por un imperativo de autocontrol imperioso. El sujeto se interpela a sí mismo con una impaciencia punitiva que cronifica el malestar, transformando la autorregulación en una exigencia cruel que castiga la propia vulnerabilidad.

Esta fragmentación del self narrativo puede analizarse en consonancia con los desarrollos de Turkle (2011), quien advierte sobre los riesgos de construir la identidad en entornos de extrema fluidez. Cuando el principal circuito de confirmación proviene de un algoritmo colectivo diseñado para devolver un reflejo exacto de sesgos y preferences, se clausura la emergencia de una alteridad radical. El software ofrece un espejo interactivo que aplana la subjetividad, sustituyendo la compleja negociación vincular por una ilusión de control absoluto.

Finalmente, este fenómeno se inscribe en la reconfiguración tecnológica de las fronteras familiares descrita por Hertlein (2012), promoviendo una adaptación restrictiva al imperativo del bienestar obligatorio. La IA, bajo la promesa de optimizar la salud mental y ofrecer soluciones inmediatas al sufrimiento, opera como una herramienta de normalización que vacía al dolor de su dimensión interactiva y social. Al privatizar el síntoma, el sistema empuja a los individuos a realizar esfuerzos extenuantes por "estar bien" dentro de un entorno estructuralmente enfermo, clausurando la co-construcción de una autonomía con el otro (Maturana y Varela, 1984) y restringiendo el universo de alternativas del sujeto. Frente a este escenario, la psicoterapia contemporánea exige recuperar la densidad del encuentro clínico, donde la emergencia de lo impredecible, la co-responsabilidad y el valor de la presencia humana en el consultorio (Bianciardi y Telfener, 1995; Pakman, 2011) configuran el punto de partida para desarmar la lógica desensibilizante del algoritmo.

Conclusiones

La encrucijada clínica actual no puede comprenderse aislada de la ecología digital interactiva. La IA y el imperativo corporativo del bienestar no operan como meras herramientas de optimización, sino como dispositivos de normalización que aplanan la expression subjetiva, restringen la alteridad y alteran la polifonía del diálogo interno. Al ofrecer respuestas sintácticas e inmediatas, el entorno digital obtura la capacidad relacional para habitar la incertidumbre y metabolizar el sufrimiento, transformando los intentos de regulación afectiva en el principal motor de la cronicidad ansiógena.

Frente a la tiranía de la interfaz y la mercantilización de una salud mental predictiva, el consultorio psicoterapéutico sistémico se instituye como un espacio ético y político de resistencia. En los términos de Holloway (2002), el encuadre clínico opera como una grieta en la inercia del capital atencional; un isomorfismo micropolítico de esa tercera vía autónoma (Modelo C) frente a los modelos macro de alienación y conectividad sintética. La reintroducción de la presencia corpórea y la latencia en el consultorio no es un acto de nostalgia tecnofóbica, sino una micropolítica instituyente. Alojar el síntoma implica dejar de leerlo como un fallo de programación individual para validarlo como una protesta relacional legítima frente a un ecosistema hiper-entrópico. La intervención sistémica contemporánea halla su potencia en la apertura de universos narrativos alternativos, restituyendo al sujeto la soberanía de su propio dolor y rescatando la complejidad del lazo humano frente a la ilusión de la conectividad sintética.

Bibliografía

  • Berardi, F. (2010). Generación post-alfa: Patologías e imaginarios en el semiocapitalismo. Tinta Limón.
  • Bianciardi, M., y Telfener, U. (1995). Ammalarsi di psicoterapia: Il rischio iatrogeno nella cura. Franco Angeli.
  • Hertlein, K. M. (2012). Digital dwelling: Technology in couple and family relationships. Family Relations, 61(3), 374–387.
  • Holloway, J. (2002). Cambiar el mundo sin tomar el poder. Universidad Autónoma de Puebla.
  • Martínez Alier, J. (2006). El ecologismo de los pobres: Conflictos ambientales y lenguajes de valoración. Espacio de la Memoria.
  • Maturana, H., y Varela, F. (1984). El árbol del conocimiento: Las bases biológicas del entendimiento humano. Editorial Universitaria.
  • Mouffe, C. (2007). En torno a lo político. Fondo de Cultura Económica.
  • Pakman, M. (2011). Palabras que permanecen, palabras por venir. Micropolítica y poética en psicoterapia. Gedisa.
  • Turkle, S. (2011). Alone together: Why we expect more from technology and less from each other. Basic Books.
  • von Foerster, H. (1981). Observing systems. Intersystems Publications.
  • Watzlawick, P., Beavin, J., y Jackson, D. (1967). Pragmatics of human communication: A study of interactional patterns, pathologies, and paradoxes. W. W. Norton.
  • Watzlawick, P., Weakland, J., y Fisch, R. (1974). Change: Principles of problem formation and problem resolution. W. W. Norton.
  • Wiener, N. (1948). Cybernetics: Or control and communication in the animal and the machine. MIT Press.
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