
El presente artículo aborda las transformaciones contemporáneas en los lazos amorosos bajo las coordenadas de la hipermodernidad y el discurso capitalista. A partir de las conceptualizaciones de Freud sobre el malestar en la cultura y el discurso capitalista desarrollado por Lacan, se analiza cómo el sufrimiento actual ya no se deriva de la prohibición pulsional, sino de la falta de límites y del imperativo del goce consumista. Se indaga en el impacto de las aplicaciones de citas y las plataformas digitales, que funcionan como dispositivos que eluden el encuentro con el Otro real y prometen una completud ilusoria. Frente a la homogeneización del mercado que pretende eliminar toda marca subjetiva, se propone al psicoanálisis como una alternativa que restituye la singularidad del ser hablante, dando lugar a la dimensión del deseo, la falta y la contingencia impredecible del encuentro amoroso.
El malestar en la época
Para pensar las nuevas modalidades de vínculos amoroso, resulta imprescindible retomar a Freud (1930) en “El malestar en la cultura”, donde hace referencia a la cultura como “la suma de operaciones y normas que distancian nuestra vida de la de nuestros antepasados animales, y que sirven a dos fines: la protección del ser humano frente a la naturaleza y la regulación de los vínculos recíprocos entre los hombres” (p. 88). Allí da cuenta de la necesidad de la sublimación de ciertas pulsiones sexuales y agresivas, con el propósito de regular las conductas de los sujetos y así contribuir a un orden social de civilización. Por lo que la insatisfacción es condición de la vida social, considerando al malestar como intrínseco a la cultura: "llegaremos a familiarizarnos con la idea de que hay dificultades inherentes a la esencia de la cultura y que ningún ensayo de reforma podrá salvar" (Freud, 1930, p. 112). A tal efecto, se pondera a la cultura y a la insatisfacción como coexistentes de la vida en sociedad, aunque puedan variar las coordenadas dependiendo las épocas, persistirá en esencia el malestar.
Lacan (1969-70) retoma esta noción de lo social y formula que es posible hacer lazo a través del discurso. Este último excede con mucho la palabra e incluso puede subsistir muy bien sin ella. Se trata, más bien, de una estructura que tiene la función de hacer vínculo, dirigiendo los modos de relacionarse con los otros.
La época actual, llamada “hipermodernidad” revela una paradoja estructural: el malestar contemporáneo ya no surge de la prohibición, de la renuncia pulsional, sino de la falta de límite. Esta “modernidad líquida” (Bauman, 2002) se caracteriza por la predominancia de la figura del individuo, en detrimento del lazo social y por la pérdida de garantías frente a la caída de los grandes ideales modernos. La disolución de las instituciones clásicas, con la consiguiente falta de referentes, de una ley que ordene y regule, provoca sujetos sin brújula con la cual orientarse. “Todo resulta inconsistente, se diluye, no hay sentido que perdure. Lo que se presenta es una metonimia de significaciones. Todo se mueve constantemente, nada es estable y el sujeto vive en un estado de incertidumbre, desorientación y angustia” (Bertholet, 2010).
En esta línea, Lacan (1972) plantea el discurso capitalista como una variante al discurso del amo, considerándolo un pseudo discurso, fundamentalmente porque no cumple estrictamente con sus funciones básicas. Es decir, no funciona como lazo social en tanto que no necesita pasar por el Otro, y a su vez, con el rechazo de la castración, funda la lógica del goce sin límites, ya que suprime la barra de la imposibilidad.
Frente a esta caída de los semblantes tradicionales, adviene un nuevo amo moderno: el mercado, que, vehiculizado por el discurso capitalista, se propone como proveedor de garantías, ofreciendo a los sujetos una solución posible frente al malestar. Sin embargo, dicha salida resulta una falsa ilusión que promete la obtención de una satisfacción plena, empujando al sujeto a un circuito incesante de consumo, intentando desconocer la falta.
Nos encontramos así con un nuevo tratamiento del malestar, donde el imperativo ya no es "No", sino "¡Goza!" sin restricciones. Son tiempos de vorágine consumista que pretende arrasar con la subjetividad de cada quien proponiendo una homogeneización del goce. Se trata de una sociedad atravesada “por un movimiento sin corte ni imposibilidades, en donde la técnica organiza la modalidad de goce con el rechazo a la castración” (Sotelo, 2018, p. 306), a través del consumo inmediato y sin límites. Sociedad en la que el malestar ya no se genera por los límites de la cultura, sino por el “sin límites” que produce un sistema que promete un goce absoluto, pero estructuralmente inalcanzable.
Lazos amorosos modernos
Este contexto nos trae nuevas modalidades de vínculos amorosos y los síntomas contemporáneos en relación al amor.
Las apps de citas han tomado mucho terreno en cuanto a la modalidad actual de estos encuentros. El funcionamiento de estas plataformas digitales se basa en crear una cuenta con fotos y una breve descripción, y el algoritmo se encarga de mostrar personas cercanas en ubicación que coinciden con preferencias de edad, género e intereses. Estas aplicaciones pueden leerse bajo una lógica similar al discurso capitalista, discurso que produce un circuito cerrado sin permitir la producción de lazo social, que al eludir el tope de la castración promete una satisfacción inmediata y sin pérdidas. Sin embargo, este empuje no hace más que replicar una insatisfacción continua.
En la inagotable oferta de estas aplicaciones se evidencia la metonimia del deseo en la época: cada nuevo perfil se desliza como una promesa de colmar la falta estructural del sujeto, una serie infinita de objetos de consumo y partenaires intercambiables a un clic de distancia, con la ilusión de que alcanzar la completud es posible, pero su función real es sostener la marcha de una maquinaria de circuito incesante de búsqueda que requiere, necesariamente, que el sujeto permanezca insatisfecho.
Emerge así el ideal amoroso actual: el acceso a un partenaire perfecto. Ya sea en el plano de la ciencia ficción como en la serie Soulmates, donde un descubrimiento científico es capaz de identificar las “almas gemelas”, o en la cotidianeidad de las aplicaciones de citas, donde el algoritmo propone opciones perfectas para hacer match; el objetivo es el mismo: forcluir la dimensión del equívoco, evitar lo real del encuentro amoroso, desconociendo la falta estructural del sujeto.
Ahora bien, “la promesa de abundancia de partenaires potenciales junto con la ilusión de control sobre el proceso de selección propio de las apps paradójicamente pone en riesgo el armado de lazos significativos” (Mac Donnell, 2024). Bauman (2005) nos habla del “amor líquido”, concepto que surge a partir de la fragilidad de los vínculos humanos desarrollados en la postmodernidad. Síntomas de la época: “civilización de lo instantáneo (...) del consumo rápido” (Bassols, 2015, p. 11), vínculos fugaces, precarios, dificultades para establecer relaciones amorosas duraderas. Se producen lazos inestables que eluden el encuentro con el otro real. Allí donde antes operaban las garantías del ideal de compromiso, hoy habita un modo individualista, modificando drásticamente la experiencia amorosa. “El corto plazo ha reemplazado al largo plazo y ha convertido la instantaneidad en ideal último” (Bauman, 2002, p.134).
Las plataformas digitales proponen una tramitación de los vínculos mediante una pantalla de identificaciones imaginarias, donde el sujeto se ofrece como objeto deseable para la mirada de un panóptico virtual. Esta mercantilización amorosa nos recuerda lo postulado por Miller (2004) en tanto que los individuos en la actualidad se constituyen en "todos consumidores", desarrollando una conducta desmedida de consumo acelerado, en el que, paradójicamente, pueden terminar siendo ellos mismos ubicados en lugar de objetos de consumo.
Hacia lo singular
Tal como nos orienta Lacan (1953), “que renuncie pues a su práctica quien no pueda unir su horizonte a la subjetividad de su época” (p. 308). Por lo que, frente al empuje de la hipermodernidad y la lógica homogeneizante del discurso capitalista, el psicoanálisis se ubica como una alternativa ética y subversiva. Allí donde el mercado ofrece objetos de consumo en serie para taponar la falta estructural del sujeto, la praxis analítica recupera la singularidad del ser hablante dando lugar a lo contingente e impredecible de los encuentros amorosos, siempre apostando a la responsabilidad de la propia posición del sujeto.
Asimismo, el psicoanálisis propone “sostener la apuesta que intenta tratar el malestar de un modo que no sea idiotizante, ejerciendo el derecho a salir del anonimato al que condena un goce que la civilización actual promueve” (Tarrab, 2000, citado por Sotelo, 2015, p. 52-53). Por lo tanto, es posible pensar el pasaje de lo estandarizado a lo singular que permita dar cuenta de la subjetividad de cada quien y la propia relación con el goce. En este sentido se ubica al discurso del analista como el punto opuesto al discurso del amo, en tanto va en contra de toda voluntad de dominio (Lacan, 1969-70, p. 73).
Por lo tanto, el análisis apuesta a descubrir “al sujeto dividido, atravesado por el deseo y el goce, lo imposible de la sexualidad y la muerte” (Sotelo, 2018, p. 303). Habilitar así, un vacío que permita articular la falta del sujeto y contribuir a un saber-hacer con el goce propio y singular, posibilitando lo incalculable y enigmático del encuentro con el otro, lo incierto de un vínculo amoroso real, que no es medible, ni controlable, ni predecible.
Mientras que las tecnologías de la época pretenden regular los encuentros mediante datos calculables, las problemáticas vinculadas al amor siguen testificando la imposibilidad de abolir la contingencia. El psicoanálisis echa luz sobre lo imposible de la relación sexual y el modo singular de cada quien de hacer con esa imposibilidad, ya que los vínculos amorosos implican lo impredecible, inalcanzable para cualquier cálculo algorítmico.
Referencias bibliográficas
- Bassols, M. (2015). Prólogo. En Sotelo, I. (2015). Datus: Dispositivo Analítico para el Tratamiento de Urgencias Subjetivas (pp. 11-15). Grama ediciones.
- Bauman, Z. (2002). Modernidad líquida. Fondo de Cultura Económica.
- Bauman, Z. (2005). Amor líquido: Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos. Fondo de Cultura Económica.
- Bertholet, R. (2010). El goce y la época. Investigación desde la clínica psicoanalítica. II Congreso Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología, XVII Jornadas de Investigación, Sexto Encuentro de Investigadores en Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina. https://www.aacademica.org/000-031/690
- Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. En Obras completas. Tomo XXI (pp. 57-140). Amorrortu editores.
- Lacan, J. (1953). Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis. En Escritos 1 (pp. 231-309). Siglo veintiuno editores. 2008
- Lacan, J. (1969-70). El seminario de Jacques Lacan: Libro 17: El reverso del psicoanálisis. Paidós. 2009.
- Lacan, J. (1972, 12 de mayo) Del discurso psicoanalítico [Conferencia]. Universidad de Milán, Milán, Italia. https://letrahora.com/wp-content/uploads/2022/11/Conferencia_en_Milan.pd
- Mac Donnell, B. (2024, Diciembre). Del algoritmo al amor: una lectura de las relaciones en la era digital. Revista Virtualia, Nº 44. https://www.revistavirtualia.com/articulos/1030/cartelizandonos/del-algoritmo-al-amor-una-lectura-de-las-relaciones-en-la-era-digital
- Miller, J.-A. (2004). Conferencia en Jacques-Alain Miller en Comandatuba. IV Congreso de la AMP. Comandatuba, Bahia, Brasil. https://2012.congresoamp.com/es/template.php?file=Textos/Conferencia-de-Jacques-Alain-Miller-en-Comandatuba.html
- Sotelo, I. (2015). Datus: Dispositivo Analítico para el Tratamiento de Urgencias Subjetivas. Grama ediciones.
- Sotelo, I. (2018). El goce en los cuatro discursos. En I. Sotelo y L Leserre (Comps). Psicoanálisis orientación lacaniana: recorrido del goce en la enseñanza de Jacques Lacan (pp. 291-309). JCE Ediciones.




