Por Rubén N. Muzio y Alberto Yorio
Por Rubén N. Muzio y Alberto Yorio
Última actualización el Miércoles 27 de Junio de 2012 13:53
Este año se cumplió una década de la muerte de Ignacio Lewkowicz. Historiador de profesión, se desempeñó durante los últimos siete años de su vida como profesor en la Facultad de Psicología UBA, contribuyendo de manera decisiva en la formación de una generación de profesionales. Este trabajo es un homenaje a su recorrido profesional e intelectual y una puesta al día de su pensamiento, especialmente como contribución a la cuestión política en psicología. Se toma la primera etapa de su desarrollo conceptual, ligado a la obra de Alain Badiou y la revista “Acontecimiento”, y la última, coincidente con su articulación entre la política y la ética. En lo que respecta al momento de su producción publicada en la revista “Acontecimiento”, se presenta la importancia que tiene para la psicología la noción de acontecimiento —en la política, el amor, la ciencia y el arte, con un especial acento en la cuestión del vacío como condición de posibilidad para el ejercicio de la política. En lo atinente a la última parte de su obra, se trabaja su interlocución con otras disciplinas, desplegando sus aportes a la construcción y transmisión del conocimiento. En la misma línea se aborda su enseñanza de la noción de paradoja y las articulaciones entre las categorías lógicas de particular, universal y singular en relación con las categorías hegelianas de afirmación, negación y negación de la negación. En fidelidad al original estilo de sus contribuciones al campo de la psicología política, se procurará presentar el tema a través de un ejemplo que despliegue en acto el núcleo de de su pensamiento.
Introducción
Me propuse escribir este artículo acerca de Ignacio Lewkowicz luego de haber tenido la oportunidad de conocer parte de su obra en algunas materias de la Facultad –especialmente Psicología Institucional II y Psicología, Ética y Derechos Humanos I. A partir de allí comencé a interesarme por sus ideas. El punto de partida fue la reconstrucción de la última clase teórica[1] que dictó Ignacio Lewkowicz en el año 2004. Allí se puede leer: “El pensamiento aparece cuando el saber no asiste”. Este escrito es por lo tanto un ejercicio para poner en juego el pensamiento cuando, como en mi caso y en el de muchos lectores de Lewkowicz, el saber no alcanza.
Lewkowicz nació el 16 de agosto de 1961 y falleció el 4 de abril de 2004. Historiador por formación y vocación, dedicado a la investigación y al pensamiento crítico, influenciado por la política, la economía, el psicoanálisis, la arquitectura, la ética, la estética, se interesó especialmente por las producciones de subjetividad contemporánea y sus transformaciones[2].
Su producción puede ser organizada en cuatro momentos: “Acontecimiento”, “Oxímoron”, “Historiadores asociados” y “Estudio Lewkowicz”. Esta ordenación no remite a una sucesión de etapas cronológicas en la que una sustituye a la otra, sino que el desarrollo de cada una de las etapas predominó en algún momento por sobre las demás. En este sentido, creemos importante agregar un quinto momento, el del pensamiento ético, que, junto a la política, atraviesa toda su obra.
Acontecimiento
La primera etapa está fuertemente influida por el pensamiento del filósofo Alain Badiou. En el año 1992, Ignacio Lewkowicz publica en la revista Acontecimiento, creada por el filósofo Raúl Cerdeiras, el artículo “Del socialismo científico al pensamiento político”, en colaboración con María Alejandra Tortorelli. Aparecen allí las marcas del concepto filosófico-político propuesto por Alain Badiou, el Acontecimiento (Badiou, 1988). Acontecimiento entendido como el quiebre en el campo del saber de una situación, a partir del cual surge una verdad no considerada hasta entonces por esa situación, suplementándola.
Del saber de una situación dirá que es el modo en que logramos simbolizar, representar situaciones. Como toda simbolización resulta siempre insuficiente —por el hecho de que no todo puede decirse, efecto de la incompletud misma del lenguaje—, también resultará insuficiente nuestro saber, aunque pretenda lo contrario. Es allí donde tiene lugar el quiebre, la grieta que permite, con la inclusión de una verdad, suplementar aquella situación inicial. Verdad que aunque siendo singular no es subjetiva sino contingente según cada situación; es la verdad de esa situación (Laso, 2007). Ahora bien, el acontecimiento no se da en sí mismo, es necesario un sujeto, al cual Badiou define por su fidelidad al acontecimiento, que lejos de considerarlo un sujeto-agente, advierte que se constituye a partir de esa verdad develada en un movimiento dialéctico.
El acontecimiento puede producirse en cuatro campos: el arte, la ciencia, el amor y la política. Detengámonos en este último campo. El título “Del socialismo científico al pensamiento político” alude al texto célebre de Friedrich Engels, “Del socialismo utópico al socialismo científico” (1880); así como a mediados del siglo XIX Engels confronta con los socialistas utópicos para proponer junto a Marx el materialismo dialéctico e histórico, Ignacio Lewkowicz propone suplementar la tradición marxista con el pensamiento contemporáneo sobre la política. En su artículo propone rescatar la noción de Utopía desligándola del concepto de ideal, cuyo efecto unificante y mortificante sutura toda posibilidad de acontecimiento. Lewkowicz constata que para el pensamiento liberal, tras la caída del Muro, la muerte de las utopías se presenta como rasgo indiscutible del Fin de la Historia. Esto se presenta con valor de evidencia: “La historia concluye en la Verdad del reconocimiento universal: con ella debe caer toda proyección fantasmagórica” (Lewkowicz y Tortorelli, 1992, 59). En oposición a esta perspectiva, Lewkowicz presenta críticamente al militante como “quien lucha por recuperar la utopía”. Para Lewkowicz ambas posiciones (la liberal y la militante) configuran una lucha estéril que se pierde en el ideal que cada una encierra, pasando por alto el valor político del concepto de utopía. Propone entonces hacer “una crítica radical del sentido, el valor y el sentido del valor de la utopía como ideal” (Lewkowicz y Tortorelli, 1992, 60). Lejos de proponer la buena filosofía que funda la buena política del porvenir, apuesta a la función activa de la filosofía para posibilitar un modo de pensamiento político axiomático.
Retomando la noción de acontecimiento, Ignacio Lewkowicz destaca la importancia de dejar vacía la función de verdad como causa del pensamiento político contemporáneo. Si el régimen Utópico —de los liberales y de los militantes— regido por el ideal como meta intentó suprimir las situaciones falladas, para Lewkowicz, la política —regida por la fidelidad al acontecimiento— apostará a ese vacío. Mientras el régimen utópico se empeñó en disfrazar el vacío estructural como falla histórica subsanable[3], la apuesta del pensamiento contemporáneo, en cambio, radica en habitar ese vacío estructural como condición del acontecimiento político.
“La prueba de los hechos es un criterio utópico: contrasta un ideal con la realidad, para probar el acuerdo o el desacuerdo. En cambio, la verdad del acontecimiento es el criterio político” (Lewkowicz y Tortorelli, 1992, 75).
Ética y política: paradoja y negación de la negación
Al inicio del trabajo destacamos la importancia de agregar un quinto momento en la obra de Lewkowicz considerando sus aportes desde el campo de la ética. Durante los últimos años de su vida y de su producción, Ignacio Lewkowicz se dedicó también a la transmisión del pensamiento en el ámbito académico, dejando su marca inconfundible. Intentaremos hacer un recorrido por algunas de sus ideas más originales y apreciadas, que consideramos constituyen un valioso aporte a la psicología política.
Para Lewkowicz la ética contemporánea es una disciplina del pensamiento y no del conocimiento. Este es uno de los modos que tiene para decirnos que la ética y la moral no son términos intercambiables. Para intentar dar cuenta de la complejidad del tema en cuestión se apoya en las categorías lógico-formales de Universal, Singular y Particular.
Ignacio Lewkowicz nos dice que la dimensión moral responde a la lógica aristotélica, lógica en la que rige el principio de tercero excluido. El universo se presenta como un todo en el que se inscribe la norma y la antinorma, lo que está “bien” y lo que está “mal”. Idea que presupone un conocimiento, un saber acabado en un momento dado. Lewkowicz ubica aquí la dimensión de lo particular.
El dilema (ético) aparece cuando estos dos posibles caminos no le alcanzan a un sujeto para responder a una situación. Allí tiene lugar su entrada la dimensión ética, que con sus interrogantes acerca de ese saber introduce algún elemento nuevo, descompletando aquel universo y ensanchándolo a la vez. Lewkowicz ubica aquí el eje del universal-singular.
Recordemos que Hegel plantea tres momentos en su dialéctica. El primer momento es el de la universalidad, entendido como el momento de la afirmación general y abstracta del concepto. El segundo momento es el de la particularidad, se trata de la negación parcial del concepto, y que es inmanente a ese universal; y por último, el momento de la singularidad, entendido como la negación de la negación, negación absoluta del concepto.
“Lo universal es la negación excluyente de lo particular, todo su ser consiste en no ser ese contrario. De donde resulta que lo particular y lo universal son ambos lo contrario de sí mismos; lo universal es por igual un particular, y lo particular un universal. Esta oposición se resuelve en lo singular (…) Lo singular es la totalidad o la unidad negativa de los momentos procedentes. Es un todo, por consiguiente un universal, pero un todo definido o particular. En él se unen sin confundirse la universalidad pura y la particularidad pura, y con ello encuentran su realización.” (Hegel, 1812-1819, 108,109)
Lewkowicz por su parte nos dice que el Universal es lo que va más allá del ”todo”, más allá del lenguaje, que como dijimos al inicio en relación al acontecimiento, no puede abarcarlo todo. “Es la potencia de desborde, de exceso, es el gesto de ir más allá de las totalizaciones supuestamente clausuradas al devenir.” (Lewkowicz, 2002, 60).
Avanza un paso más y agrega que para cada universal siempre habrá algo singular que podrá, eventualmente, hacerlo ir más allá. Define lo singular como la presentación de “algo” incalificable según el lenguaje de la situación. “Podremos hablar de singularidades sólo cuando algo que se presenta hace desfallecer todas las capacidades clasificatorias de la lengua de una situación (…) si su presentación hace tambalear las consistencias previamente instituidas. (Lewkowicz, 2002, 61). En este sentido, Lwekowicz sostiene que lo universal se realiza en la forma de lo singular y viceversa. Tenemos entonces la dimensión universal-singular, donde entra en juego la dimensión ética.
Finalmente, lo particular para Lewkowicz queda mas bien del lado del consenso social, de aquello de lo que dispone un grupo de personas para poder vivir en comunidad.
Ahora bien, no se trata de separar la dimensión particular de la Universal-Singular, ya que aquella, nos dice, es el soporte la dimensión subjetiva.
La fábrica recuperada: ¿una singularidad?
En diciembre de 2001, luego de la crisis político-económica que sufrió la Argentina, surgió un fenómeno conocido como el movimiento de fábricas recuperadas. Como resultado del quiebre de centenares de fábricas y luego de una gran disputa con quienes conformaban la gerencia, los empleados tomaron el control de la producción. Frente al inminente desmantelamiento de la fábrica, los empleados despojados de sus puestos emprendieron una novedosa iniciativa frente a un modelo económico colapsado. Se organizaron colectivamente y decidieron recuperar la fábrica para su propia producción y gerenciamiento.
No nos referiremos aquí al fenómeno en su pluralidad, a la serie de estas “fábricas recuperadas”, sino al acontecimiento de su acto fundante. Veremos cómo allí surge una singularidad en acto, que no responde a la individualidad de cada uno de esas personas o iniciativas[4].
Mostraremos que en ese momento fundante asistimos a una verdadera inversión dialéctica hegeliana: la oposición entre el empleo y la desocupación queda “superada” (aufgegeben) cuando se evidencia que el empleo puede ingresar en un sistema de producción que no se subordina a la lógica del plusvalor. Por medio de esta inversión (negación de la negación), el empleo leído en términos clásicos del capital, en un primer momento la negación de la desocupación, deviene ahora una forma del Trabajo, superadora de las existentes.
¿Qué hubiese pasado si los afectados hubiesen aceptado el despido? Quien fue un empleado deviene desempleado, el universo “cerrado” no produce ningún cambio, el sujeto queda aplastado bajo la denominación de “desocupado”. ¿Qué surge a partir de la decisión de recuperar las fábricas? El ensanchamiento del universo, a partir de la singularidad en situación que allí se pone en juego. Ya no son ni empleados ni desocupados, aparece un término nuevo que no formaba parte del universo existente, que no tenía nominación hasta este momento: “la fábrica recuperada”. Lewkowicz nos dice que “Las singularidades son intervenciones subjetivas que producen una novedad en la inmanencia de la situación”. (2002, 62). Se trata entonces de algo indecible, e incontable, ya que excede los recursos simbólicos de la situación es por ello un acto creativo. Podemos afirmar que se trata de una singularidad si se constituye a partir de la situación en la que irrumpe; es decir se trata de un proceso situacional y no de un individuo. Esta singularidad, por lo tanto, suplementa a un determinado tejido social situado espacial y temporalmente. Se trata de un acontecimiento en el campo de la política, tal como propone Badiou.
Tiempo 1 y tiempo 2 en la transmisión del conocimiento
Lleno de vida hoy, compacto, visible, a los cuarenta años de los estados, a ti, que no has nacido, a ti, dentro de un siglo, dentro de varios siglos, te estoy hablando. Ahora eres tú, compacto, visible, el que intuye los versos y el que imagina lo feliz que sería si yo pudiera ser tu compañero. Sé feliz como si yo estuviera contigo. No estés muy seguro de que no estoy contigo.
Walt Whitman “Lleno de vida”
En el año 2003, un grupo de intelectuales, entre ellos Germán García, Diego Tatián e Ignacio Lewkowicz, fue convocado para debatir acerca de la transmisión del conocimiento. El encuentro fue transcripto para su ulterior publicación, la cual tuvo lugar luego de la muerte de Lewkowicz.
En esta etapa, Ignacio Lewkowicz continúa apoyándose en la idea de un pensamiento activo, transformador, cuyo valor político supera la visión histórica de la transmisión del pensamiento. La cuestión para él gira en torno a las nociones de tiempo y espacio, sus modos de abordaje dentro de los ámbitos académicos y sus consecuencias en el contexto social.
Comienza diciéndonos que mientras intentaba pensar qué aportar al debate, todo su saber acerca del conocimiento le resultaba insuficiente, y hasta banal. Abandona el esfuerzo de recurrir a sus saberes previos y deja en suspenso la cuestión de la transmisión histórica –aquella que descansa en el saber académico– para pensar en una transmisión actual, que acontece a medida que se va tejiendo una trama discursiva. Destaca el valor de lo que puede emerger en un espacio y tiempo compartidos con otros en un aquí y ahora.
A su turno, Diego Tatián se refiere a la relación con los libros equiparándola a la relación con los muertos, a propósito de la temporalidad en la transmisión del pensamiento. Esto lleva a Lewkowicz a recordar un poema de Walt Whitman citado por Borges que refleja de manera poética esta cuestión. Para Lewkowicz el poema ilustra cómo la relación con los libros –con la escritura– sostiene por un lado una relación con sus autores, que aunque muertos, están vivos en el aquí y ahora de su lectura, y por el otro con los no nacidos, a quienes el autor convoca anticipadamente, atravesando los límites del tiempo y de la muerte inevitable de los cuerpos. Pero además de proponer una lógica temporal distinta para la transmisión del pensamiento, Lewkowicz insiste en la cuestión del espacio. Un espacio que propicie la actividad de pensar y que se construye en compañía de otros; si vivos o muertos resulta secundario. Un aquí y ahora en el que circulan diferentes voces con alguna capacidad de configuración. A esto da el nombre de transmisión actual definida como “la intensidad común de una existencia contingente”.
Refiriéndose a Whitman, concluye:
“Me parece que el tipo instala una máquina de transmisión implacable. No sólo une los tres tiempos del tiempo en el destello de un éxtasis; también transmite mecánicamente en forma implacable y perfecta lo que quiere transmitir; y, al transmitirse, esa máquina de transmisión se vuelve contemporánea, y no arqueológica” (Lewkowicz et al, 2003, 59).
Para terminar, tomemos entonces lo que en esta lectura supone un pasaje del encuentro. El psicoanalista Germán García introduce su punto de vista sobre las formas de transmisión del conocimiento. Hace una fuerte crítica a la sociedad argentina de los años setenta, que estudiaba psicoanálisis por ese entonces. Cuenta cómo las editoriales mexicanas publicaban los textos de Lacan “que nosotros poníamos de moda”, mientras que aquí se publicaban sus readings. García considera a la sociedad argentina como “campeona del reading”, caracterizada por su pasión por la “segunda mano”. En ese momento, Ignacio Lewkowicz interviene con su clásico estilo, recordando al auditorio que desde siempre la que noquea, es la segunda mano. En ese punto de la transcripción, la edición consigna “Risas” para indicar el efecto de su comentario. Comentario que, a la vez que distiende, interpela en una cuerda no calculada pero tampoco azarosa. Veamos esto.
“Desde siempre, la que noquea es la segunda mano” es una expresión tomada del boxeo, donde habitualmente se suceden dos golpes, por lo general el primero un jab y el segundo un cross, combinación conocida como uno-dos. El primer golpe es clave, porque el jab bloquea la vista del contrincante, facilitando el impacto limpio del cross, destinado luego a noquear. La ocurrencia de Lewkowicz resulta también eficaz en el curso de la discusión. Porque en ese contexto, la “segunda mano” adquiere el valor de una resignificación, de un tiempo 2 que se sobreimprime al 1 inicial. Efectivamente, en México Siglo XXI publicaba a Lacan, pero era en Buenos Aires donde se lo leía —el efecto analítico no operaba sino a posteriori. Curiosamente, en el contexto de la conversación, se invierten los roles: Germán García aparece como historiador —que recapitula los años setenta— e Ignacio Lewkowicz como analista, que con una interpretación desarma el esquema y reenvía el coloquio hacia una nueva dirección.
Referencias bibliográficas
BADIOU, A. (1988) El ser y el acontecimiento. Badiou, A. El ser y el acontecimiento. Buenos Aires: Bordes/ Manantial, 1999
FORSTER, R.; GARCÍA, G.; GONZÁLEZ, H.; LEWKOWICZ, I., TATIAN D. (2003) ¿Qué piensan los que piensan? Buenos Aires: Altamira.
HEGEL, G. (1812-1819) Ciencia de la lógica. Buenos Aires: Ediciones Solar.
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LEWKOWICZ, I. TORTORELLI, M. A. (1992) “Del socialismo científico al pensamiento político”. En Acontecimiento, II, 3, 59-90.
LEWKOWICZ, I. (2002) “Particular, Universal, Singular”, en Michel Fariña, J. J. (comp.) Un horizonte en quiebra. Buenos Aires, Eudeba, 2002, 57-63.
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ZERBA, D. (2009) “Ignacio Lewkowicz: un historiador de la actualidad. En Aesthethika, Revista Internacional sobre Subjetividad, Política y Arte, 2009, IV, 2, 40-52.
Notas
[1] Lewkowicz era un educador excepcional. Cuando se conoció su muerte, los alumnos del curso de verano 2004 recordaron vivamente su última clase teórica sobre las paradojas, la cual lamentablemente no había sido grabada. Emprendieron entonces una tarea que constituye toda una lección en materia de transmisión ética. Se reunieron y amorosamente reconstruyeron la clase a partir de las anotaciones fragmentarias tomadas durante aquella tarde sofocante en la que sin embargo nadie abandonó la sala. El resultado fue un texto original de su autor pero multiplicado en el centenar de voces con las que produjo interlocución. http://www.aesthethika.org/Multiplos
[2] En una primera línea de pensamiento trabaja sobre el agotamiento de la infancia como institución moderna y el agotamiento del Estado Nación, como institución dominante, plasmados en los libros ¿Se acabo la infancia? Ensayo sobre la destitución de la niñez, escrito junto a su esposa Cristina Corea en el año 1999, Del fragmento a la situación. Notas sobre la subjetividad contemporánea (en colaboración con Mariana Cantarelli, 2002), Pausa. Notas ad hoc (con Eduardo Ballester y Mariana Cantarelli, 2002). En una segunda línea de pensamiento trabaja sobre la construcción de la historia y la arquitectura como herramienta de pensamiento. Allí tenemos La historia desquiciada. Tulio Halperín Donghi y la problemática racionalista de la historia (en colaboración con el grupo Oxímoron, 1993), Arquitectura plus de sentido (con Pablo Sztulwark, 2002 y 2003). Y por último, “Sucesos Argentinos. Cacerolazo y subjetividad postestatal (2002) y Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez (2004). Tengamos en cuenta que toda su producción está fechada antes de los 42 años, edad en la que murió.
[3] Los autores destacan tres momentos históricos como antecesores del ideal-utópico que heredamos de la modernidad; la escisión platónica, la historización cristiana y la secularización moderna.
[4] La organización del Movimiento Nacional de Fabricas Recuperadas nació con la primera fábrica recuperada en la Argentina, que fue la ex Gip-Metal S.R.L., de Sarandí, Partido de Avellaneda, el 22 de Agosto de 2000. Para ver más seguir el siguiente link: http://www.newsmatic.com.ar/conectar/7/102/articulo/1756/El-movimiento-de-fabricas-recuperadas-hoy.html. Extractado el 20 de abril de 2014.
Florencia González Plá es estudiante de Psicología, realizó este trabajo en el marco de la Cátedra de Psicología, Ética y Derechos Humanos, Facultad de Psicología, UBA. Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Por David Warjach
Última actualización el Viernes 28 de Septiembre de 2012 12:09
La música puede tanto inducir emociones como elevar o disminuir los niveles de excitación (arousal). Este artículo enfatiza la relación entre ambas potencialidades y la posible modulación de la memoria mediante la música, partiendo de la idea de que los recuerdos y las emociones se vinculan estrechamente y que los diferentes niveles de arousal influyen sobre la codificación y la consolidación de la memoria.
Si bien no podemos ser concluyentes respecto a qué es exactamente lo que produce la superioridad en la retención de información emocional en comparación con la neutra, sí podemos afirmar que la relación entre la memoria y las emociones es íntima. “La memoria emocional es el resultado del almacenamiento de la información que estuvo acompañada por factores alertadores a través de los cuales se fijó con más facilidad” (Justel et al., 2013a).
Diversos investigadores dan cuenta, vez tras vez, de que los eventos con contenido emocional se recuerdan en mayor medida que los neutros. Ejemplificamos describiendo brevemente una investigación realizada por Cahill y McGaugh, citada en “Modulación de la memoria emocional: Una revisión de los principales factores que afectan los recuerdos” (Justel et al., 2013). El estudio consistió en la observación —por parte de dos grupos (uno experimental y otro, control)— de diapositivas acompañadas por una historia breve que narraba lo que se veía. Las mismas se dividieron en tres fases: las diapositivas de la primera y tercera fase fueron iguales para todos los participantes; en cambio, las de la segunda presentaron contenido emocionalmente alertador para el grupo experimental, y neutro para el grupo control (lo emocional y lo neutro estaba constituido por la historia narrada, las imágenes en ambos grupos fueron las mismas). Una semana después se evaluaron tanto el reconocimiento como el recuerdo libre, y el resultado fue el siguiente: se observó facilitación de la memoria de la fase dos en el grupo experimental, en el cual los sujetos recordaron más detalles de la historia (cuyo contenido era emocional) que los sujetos del grupo control (expuestos a una historia neutra).
La excitación emocional consiste en la activación del sistema nervioso simpático que desencadena la liberación de hormonas adrenales en el torrente sanguíneo, lo cual puede mejorar la memoria por medio del aumento de la activación noradrenérgica dentro de la amígdala —estructura implicada en el procesamiento y almacenamiento de las emociones (Rickard et al., 2012)—. Las mejorías en el recuerdo se adjudican a la activación que produce el contenido intrínseco al estímulo, pero, asimismo, tanto un nivel muy bajo de excitación como otro demasiado elevado, podrían causar un efecto contrario, es decir, el deterioro de la memoria. Podemos pensar en una curva de "U" invertida en la que los extremos (baja activación-elevada activación) no se corresponden con un incremento de la memoria; en cambio, una activación moderada —un nivel de alerta que no sea muy bajo, ni tan elevado como para saturar al sistema nervioso debido a una excesiva liberación de hormonas del estrés en sangre— sería uno de los factores óptimos para lograr un mayor recuerdo.
Debido a la influencia que ejercen los niveles de arousal (excitación) causados por los contenidos emocionales en la codificación y consolidación de los recuerdos, decimos que aquellos son neuromoduladores de la memoria (Rickard et al., 2012), porque pueden tanto incrementarla como deteriorarla.
¿Y la música?
Grocke y Wigram (2007) puntualizan los efectos físicos de los parámetros sonoros de la siguiente manera: las frecuencias altas comúnmente inducen tensión, los ritmos fuertemente marcados provocan energía y actividad, y las intensidades altas excitan y producen un estado de alerta-tensión; por otro lado, la música rítmicamente neutral, de tempos lentos, y las frecuencias e intensidades bajas pueden inducir a la calma. Asimismo, Wigram et al. (2002) hacen hincapié en que si los elementos musicales varían significativamente, es decir, si los cambios de intensidad, dinámica, volumen, timbre, altura, ritmo, armonía, textura, acentos, etc., son inesperados, el sujeto mantendrá un nivel alto de excitación y estimulación; lo mismo ocurrirá cuando se trate de timbres duros o de una forma y estructura musicales poco definidas. Por el contrario, la predictibilidad y estabilidad o cambio gradual de dichos parámetros sonoros, la repetición del material, la estructura y forma definidas y los timbres suaves, provocarán la tendencia a la relajación. Hablamos, entonces, de música activante y de música relajante, ambas inductoras de emoción; la primera eleva los niveles de arousal (excitación/alerta) mientras que la segunda los disminuye.
Basándonos en lo recién dicho y en otras investigaciones y escritos de diversos autores —entre ellos: Kreutz et al. (2008), Rickard et al. (2012) y Moreno (2003)—, afirmamos que la música es considerada como un potencial medio de excitación e inductora de emociones.
Teniendo en cuenta, además, que los eventos con contenido emocional se recuerdan en mayor medida que los no emocionales (neutros) y que el aumento del nivel de arousal podría mejorar el recuerdo, se empieza a pensar en la posibilidad de que la música posea una capacidad intrínseca para modular la consolidación de la memoria. Hay estudios que demuestran que la música activante mejora la memoria (Judde & Rickard, 2010) mientras que la música relajante puede deteriorarla (Rickard et al., 2012). Ejemplificamos con una investigación que hicieron Rickard et al. (2012), la cual consistió en exponer a sujetos a música relajante o activante durante o después de presentarles una historia con contenido emocional; los resultados evidenciaron que quienes habían sido expuestos a música relajante recordaban en menor medida: se había producido un menor incremento en la memoria emocional. Como nos dan a conocer Knight y Rickard (2001), el mecanismo por medio del cual se incrementa o deteriora la memoria “es el mismo que subyace al efecto modulador del estrés, es decir, la música relajante disminuye los niveles de arousal mientras que la música activante los eleva. Por ejemplo, la música relajante disminuye la presión arterial y la tasa cardíaca” (citado por Justel y Rubinstein 2013, 74).
Un estudio realizado recientemente por Justel & Rubinstein (2013) evaluó la influencia de la música activante y relajante sobre la consolidación de la memoria emocional en sujetos con alto grado de experiencia musical. El mismo consistió, básicamente, en la exposición de sujetos a 48 imágenes de las IAPS (International Affective Picture System), de las cuales 24 eran emocionales (por ej., un cuerpo mutilado, un asalto), y las otras 24, no emocionales (por ej., silla, reloj) —puntuadas por los participantes mismos como más activantes y menos activantes, respectivamente—. Inmediatamente se realizó la escucha de un estímulo sonoro: grupo control/ruido blanco y dos grupos experimentales, uno expuesto a una pieza de música activante y el otro a una relajante. La posterior evaluación del recuerdo y el reconocimiento indicó los siguientes resultados:
-En los tres grupos las imágenes emocionales se recordaron en mayor medida que las neutras, dando cuenta, una vez más, de la superioridad en la retención de información emocional en comparación con la no emocional.
-Respecto al recuerdo libre inmediato y diferido, ambos grupos expuestos cada uno a la pieza musical correspondiente (activante o relajante) recordaron más cantidad de imágenes, tanto emocionales como neutras, que el grupo control.
-El reconocimiento inmediato no presentó diferencia entre los tres grupos, mientras que el diferido fue distinto entre los dos grupos experimentales.
El principal hallazgo de esta investigación (el mayor recuerdo de imágenes tanto emocionales como neutras en ambos grupos expuestos a las respectivas piezas musicales) dio cuenta de que la música modula tanto la memoria emocional como la no emocional. Si bien se esperaba que la pieza activante mejorara el recuerdo y que la relajante lo menguara, los resultados indicaron que ambos tipos de música lo incrementaron; esto podría deberse, según Justel y Rubinstein (2013), a que la muestra realizada incluyó únicamente sujetos con experiencia musical elevada, la cual hace a la diferencia estructural y funcional del cerebro en comparación con quienes no poseen entrenamiento musical. Debido a dicha diferencia, las autoras enfatizan la importancia de llevar a cabo futuros estudios con el mismo procedimiento en sujetos no músicos para observar si se mantiene o no el mismo patrón de resultados..
Consideraciones finales
El presente trabajo fue escrito con el ánimo de articular de la forma más clara posible diversas observaciones que se entraman en una temática vasta y compleja. Asimismo, debemos tener presente —sobre todo— la relevancia clínica que conllevan los hallazgos mencionados aquí. El hecho de seguir investigando por qué, cómo, cuándo y en qué poblaciones la música puede modular la memoria, implica la posibilidad de tratamiento de patologías severas como, por ejemplo, la enfermedad de Alzheimer probable (EA) o el trastorno por estrés postraumático (TEPT). En el campo de la primera se requeriría de un mejoramiento de la memoria debido a que, precisamente, los sujetos con este síndrome presentan, junto a otros disturbios cognitivos, graves y progresivos trastornos de memoria. Respecto al TEPT, se buscaría un decremento de los recuerdos; en palabras de Rickard et al. (2012), la música relajante podría considerarse como un potencial tratamiento para disminuir el impacto negativo de la información cargada emocionalmente.
Actualmente, un grupo de investigación en la Facultad de Psicología (UBA) del cual formo parte, se encuentra realizando un estudio cuyo énfasis está puesto en cómo influye la música sobre la consolidación de diferentes tipos de memoria en pacientes con enfermedad de Alzheimer probable, con el propósito de contribuir al desarrollo de un tratamiento bajo la perspectiva que aquí presentamos.
Referencias bibliográficas
CHAYO-DICHY, R., VÉLEZ GARCÍA, A., ARIAS GARCÍA, N., CASTILLO-PARRA, G. y OSTROSKY-SOLIS, F. (2003) “Valencia, activación, dominancia y contenido moral, ante estímulos visuales con contenido emocional y moral: un estudio en población mexicana”. En Revista Española de Neuropsicología, Nº 5, 213-225.
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Sofía Delia Giménez. Estudiante de la Licenciatura en Musicoterapia (Facultad de Psicología, UBA). Colaboró como ayudante alumna en la materia Técnica Vocal II de dicha Licenciatura (2013). Actualmente participa como becaria UBACyT en la investigación "Implicancias de la música en la consolidación de la memoria emocional y la memoria declarativa en pacientes con demencia", dirigida por la Dra. Wanda Rubinstein.
Última actualización el Martes 24 de Junio de 2014 13:34
Por Eduardo Keegan
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